Ser cristiano es ser diferente

Ocurrió esta semana en São Paulo, Brasil. El conductor de un autobús de transporte público de la ciudad tocó la bocina porque delante de él circulaba una patrulla policial a baja velocidad. Los policías interpretaron la acción como una falta de respeto, detuvieron el autobús y ordenaron al conductor que descendiera para ser identificado. El conductor se negó, y los agentes utilizaron la fuerza para retirarlo del vehículo. Todo quedó grabado por celulares y difundido en redes sociales. Una situación lamentable que pudo haberse evitado por ambas partes. Y hoy quiero reflexionar sobre ello.
Al observar lo sucedido, es fácil encontrar los errores. Los policías podrían simplemente haber cedido el paso al autobús y continuado su camino. El conductor, por su parte, podría haber respondido al procedimiento con humildad, reconociendo la autoridad de los agentes y evitando la confrontación. Sin embargo, cada uno reaccionó a la actitud del otro, y una situación sencilla terminó convirtiéndose en un gran problema.
La verdad es que escenas como esta ocurren todos los días, no solo en las calles, sino también en los hogares, las empresas, las iglesias y las familias. Muchas discusiones no crecen porque el problema inicial fuera grande, sino porque nadie está dispuesto a ceder. El orgullo nos impulsa a defender nuestra posición. La naturaleza humana exige tener la última palabra. El ego insiste en demostrar que tenemos razón. Y así, pequeños conflictos terminan transformándose en grandes crisis.
El Evangelio nos enseña un camino diferente. Pablo escribió: “No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.” (Filipenses 2:3, NTV). Imaginemos cómo habría terminado esta historia si cualquiera de las dos partes hubiera puesto en práctica este versículo. Habría bastado un poco de humildad. Habría bastado que alguien decidiera no convertir una ofensa en una batalla. Habría bastado que alguien renunciara al orgullo.
La gran diferencia del cristiano no consiste en ganar discusiones. No consiste en demostrar que tiene razón. No consiste en exigir sus derechos a cualquier precio. La diferencia del cristiano es seguir el ejemplo de Cristo, quien tenía toda la autoridad del universo y, aun así, eligió la mansedumbre, la humildad y la disposición de soportar ofensas sin devolverlas.
Quizás la pregunta que esta noticia nos deja no sea: “¿Quién tenía la razón?”, sino: “¿Qué habría pasado si tan solo una de las personas involucradas hubiera actuado como Jesús?” Porque muchas veces la paz no comienza cuando el otro cambia. Comienza cuando nosotros decidimos ser humildes.
Ser cristiano es ser diferente. Es responder de manera distinta cuando somos ofendidos. Es actuar de manera distinta cuando somos contrariados. Es renunciar al orgullo cuando todos a nuestro alrededor insisten en alimentarlo. Es escoger la paz cuando nuestra naturaleza desea conflicto. Es seguir el ejemplo de Cristo cuando el camino más fácil sería reaccionar como cualquier otra persona. Después de todo, es precisamente en las situaciones más difíciles donde el carácter de Cristo puede hacerse visible en nosotros.
Oración: Señor, ayúdame a responder a las situaciones difíciles con humildad, mansedumbre y sabiduría. Líbrame del orgullo, del deseo de tener siempre la razón y de la necesidad de ganar discusiones. Que refleje el carácter de Cristo en mis palabras, actitudes y decisiones. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.” (Filipenses 2:3, TLA)
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