Cuando la sabiduría se apaga

Ocurrió en Veracruz, México, el día de la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, disputada entre España y Argentina. Tras la victoria de España, al ver que muchos habitantes de Veracruz celebraban el título español, el propietario de un tradicional restaurante argentino de la ciudad expresó su frustración en una red social con el siguiente comentario: “Qué feo ver a los veracruzanos disfrutando de un triunfo que no es de México. Qué mediocres”. Esa publicación fue suficiente para desencadenar una ola de críticas contra el restaurante. Entre las respuestas, un usuario escribió: “Esos mediocres son los que te dan de comer”. En pocas horas, la calificación del establecimiento en una plataforma de reseñas cayó de 4,5 a 1,7 estrellas, mientras que una campaña en las redes sociales animaba a los mexicanos a dejar de frecuentar el lugar. Aunque el propietario publicó posteriormente una disculpa formal, el daño ya estaba hecho.
Esta historia ilustra muy bien lo que sucede cuando nos dejamos dominar por las emociones.
El fútbol, la política y, muchas veces, incluso la religión pueden despertar sentimientos tan intensos que terminamos diciendo palabras o tomando decisiones de las que nos arrepentimos poco tiempo después. El problema es que algunas palabras no pueden retirarse, y algunas consecuencias no pueden deshacerse.
Me gusta imaginar la sabiduría como un interruptor que puede estar encendido o apagado. Esa imagen me ha ayudado a evitar muchos problemas. Cuando somos dominados por una emoción intensa, es como si el interruptor de la sabiduría se apagara. En ese momento, perdemos la capacidad de ver la situación con equilibrio y prudencia. Comenzamos a reaccionar en lugar de reflexionar.
Y esto no sucede solamente con emociones negativas, como la ira, la frustración o la tristeza. También ocurre con las emociones positivas. ¿Cuántas promesas se hacen en medio de la euforia y luego no pueden cumplirse? ¿Cuántas decisiones apresuradas se toman en momentos de entusiasmo? ¿Cuántas palabras pronunciadas durante una explosión de alegría o de indignación producen consecuencias duraderas?
Las emociones son regalos de Dios. Pero nunca fueron creadas para gobernar nuestras decisiones. Por eso Santiago nos exhorta: “Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse. El enojo humano no produce la rectitud que Dios desea.” (Santiago 1:19-20, NTV). Observe cómo el tiempo aparece como un elemento fundamental de la sabiduría. Ser lento para hablar. Ser lento para enojarse. Dar tiempo para que la emoción disminuya y la sabiduría vuelva a ocupar su lugar.
Salomón refuerza este mismo principio: “No te apresures en enojarte, porque el enojo es propio de los necios.” (Eclesiastés 7:9, NTV). El tiempo calma las emociones y nos permite ver aquello que, en el calor del momento, parecía invisible.
Por eso Proverbios concluye: “Los necios dan rienda suelta a su enojo, pero los sabios calladamente lo controlan.” (Proverbios 29:11, NTV).
Controlar no significa fingir que la emoción no existe. Significa impedir que tome el control. Es construir una represa para que el río de las emociones no se desborde y destruya todo lo que encuentre a su paso. Siempre que perciba que sus emociones están asumiendo el control, recuerde esta imagen.
Tal vez no sea la situación la que necesite cambiar primero. Tal vez solo haga falta el tiempo necesario para que el interruptor de la sabiduría vuelva a encenderse. Porque las palabras dichas con sabiduría sanan. Pero las palabras pronunciadas bajo el dominio de la emoción con frecuencia dejan heridas que ni siquiera una disculpa puede borrar por completo.
Oración: Señor, ayúdame a no ser gobernado por mis emociones. Dame un corazón manso, prudente y sensible a Tu voz. Enséñame a esperar antes de hablar, a reflexionar antes de actuar y a responder con sabiduría, aun cuando mi corazón esté lleno de alegría, de tristeza o de ira. Que Tu Espíritu dirija mis palabras y mis acciones. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Los necios dan rienda suelta a su enojo, pero los sabios calladamente lo controlan.” (Proverbios 29:11, NTV)
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