Abraham caminó con Dios

Cuando pensamos en Abraham, normalmente recordamos al hombre que subió al monte Moriah dispuesto a ofrecer a Isaac en sacrificio. Aquella escena representa uno de los mayores ejemplos de fe de toda la Biblia. Pero es importante recordar que Abraham no comenzó su caminar de esa manera.
Poco tiempo después de recibir la promesa de Dios, Abraham descendió a Egipto a causa del hambre. Allí, dominado por el miedo, le pidió a Sara que dijera que era su hermana, pues temía que los egipcios lo mataran para quedarse con su esposa (Génesis 12:10-20). Era una verdad a medias, porque Sara era su media hermana, pero, en el fondo, era una mentira motivada por la falta de confianza en la protección de Dios.
¡Qué contraste tan impresionante con el Abraham de Génesis 22!
Al comienzo de su caminar, creía que necesitaba proteger la promesa con sus propios recursos. Al final, estaba dispuesto a entregar al mismo Dios al hijo por medio del cual la promesa sería cumplida. Antes, tuvo miedo de perder su propia vida. Después, confió en que Dios era poderoso incluso para resucitar a Isaac, si era necesario (Hebreos 11:17-19).
¿Qué ocurrió entre un episodio y el otro? Abraham caminó con Dios.
Cada altar que edificó, cada oración respondida, cada liberación, cada corrección y cada promesa cumplida fortalecieron su confianza. Su fe no nació siendo grande; creció a medida que fue conociendo el carácter de Dios. Descubrió que Dios siempre cumple lo que promete.
Tal vez usted también mire su vida y recuerde momentos en los que el miedo habló más fuerte que la fe. Quizá intentó resolver las situaciones con sus propias fuerzas o tomó decisiones apresuradas porque no lograba ver la mano de Dios obrando.
La buena noticia es que Dios no abandonó a Abraham por causa de su fe inmadura. Al contrario, continuó guiándolo hasta convertirlo en el “padre de la fe”. Ese mismo Dios sigue obrando en nosotros hoy. La fe no madura de un día para otro; crece con cada paso de obediencia y con cada experiencia vivida junto al Señor.
No desprecie el punto en el que usted se encuentra. Siga caminando con Dios. Si permanece fiel, llegará el día en que mirará hacia atrás y descubrirá que la persona que antes era dominada por el miedo ahora vive sostenida por la confianza. La fe madura no nace terminada; se construye a lo largo del camino con Dios.
Oración: Señor, gracias porque no esperas una fe perfecta para comenzar a obrar en mi vida. Así como lo hiciste con Abraham, fortalece mi confianza día tras día. Que cada experiencia Contigo me enseñe a depender menos de mis propias fuerzas y más de Tu fidelidad. Llévame del miedo a la confianza, de la inseguridad a la obediencia y de una fe pequeña a una fe que glorifique Tu nombre. En el nombre de Jesús. Amén.
Versículo del día: “La fe demuestra la realidad de lo que esperamos; es la evidencia de las cosas que no podemos ver.” (Hebreos 11:1, NTV)
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