Mira hacia arriba

Escuché de la profesora Lúcia Helena Galvão la siguiente ilustración.

Imagina un salón donde hay una gotera en el techo. El agua cae continuamente al suelo, formando un charco. En ese escenario, normalmente encontramos tres tipos de personas.

  • Los primeros son los indiferentes. Pasan por el lugar, pisan donde está mojado, esparcen suciedad y ni siquiera se preocupan por el problema. Viven como si nada estuviera ocurriendo.
  • Los segundos son los bien intencionados. Ellos notan el agua en el suelo, toman un trapo, limpian el charco e intentan ordenar todo. El problema es que, pocos minutos después, el piso volverá a estar mojado. Porque el origen del problema sigue allí.
  • Pero existe un tercer grupo: los que realmente resuelven. Ellos entienden que no basta con limpiar el suelo. Entonces hacen algo simple, pero esencial: miran hacia arriba. Encuentran el origen de la gotera y solucionan el problema desde la raíz.

Eso también ocurre dentro de las familias. Existen familias donde los problemas solo se van “administrando”. Los conflictos son silenciados, los dolores ignorados, las heridas emocionales maquilladas, pero nadie trata la raíz. Hay resentimientos antiguos, ausencia de diálogo, falta de perdón, orgullo, distancia de Dios… y mientras nadie mire hacia arriba, el problema seguirá derramándose sobre todos dentro del hogar.

Muchas personas viven solamente limpiando los efectos sin tratar las causas.

La Biblia dice: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida” (Proverbios 4:23, NTV). Los problemas externos muchas veces comienzan en cuestiones internas que nunca fueron tratadas.

Además, Jesús nos enseña algo poderoso en Juan 15:5: “Separados de mí, no pueden hacer nada” (NTV). Eso significa que hay situaciones familiares que no serán resueltas solamente con esfuerzo humano, técnicas o intentos superficiales. Es necesario mirar hacia arriba. Es necesario volver a Dios.

Hay familias limpiando el suelo desde hace años, sin darse cuenta de que la gotera sigue abierta. Y quizás la mayor tragedia sea precisamente esa: acostumbrarse a la fuga. Dios no nos llamó solamente a administrar crisis. Él quiere restaurar el origen. Sanar raíces. Transformar corazones.

Porque cuando la fuente es tratada, los efectos comienzan a cambiar. En la vida espiritual, la madurez no consiste solo en reaccionar ante los problemas. Es aprender a identificar su verdadera raíz. Los indiferentes ignoran. Los bien intencionados solo controlan los daños. Pero los sabios miran hacia arriba.

Oración: Señor, ayúdame a no vivir solamente administrando problemas sin tratar sus raíces. Dame discernimiento para ver más allá de las apariencias y valentía para enfrentar aquello que necesita ser transformado dentro de mi vida y de mi familia. Enséñanos a mirar hacia Ti, porque la verdadera solución viene de lo alto. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Separados de mí, no pueden hacer nada.” (Juan 15:5, NTV)

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