La oportunidad de manifestar el fruto del Espíritu

La semana pasada tuve el privilegio de acompañar durante cinco días a un grupo de jóvenes misioneros en formación en una jornada de actividades evangelísticas en la ciudad de Medellín, Colombia. El viaje sería en autobús, con una duración prevista de nueve horas y media, saliendo a las doce y media de la madrugada del miércoles.
Sin embargo, ocurrieron dos inconvenientes importantes. El primero fue que el autobús llegó con más de cuatro horas de retraso. El segundo fue aún más desafiante. Durante el trayecto entre una ciudad anterior y nuestra terminal, el autobús de dos pisos sufrió una falla mecánica y tuvo que ser reemplazado. El nuevo vehículo, sin embargo, tenía solo un piso y era mucho más pequeño. Quedó claro que no habría asientos suficientes para todos los pasajeros.
En situaciones como esta, siempre recuerdo que todo lo que nos sucede es una oportunidad para manifestar el fruto del Espíritu Santo. El apóstol Pablo escribió: “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio.” (Gálatas 5:22, NTV).
En aquella situación, todo el equipo tuvo la oportunidad de manifestar al menos dos expresiones de ese fruto.
La primera fue la paciencia. Durante horas de espera no vi quejas, discusiones ni desesperación. Vi jóvenes esperando con serenidad, entendiendo que Dios seguía teniendo el control.
La segunda fue la bondad. Cuando nos dimos cuenta de que el autobús no tenía capacidad para todos los pasajeros, algunos miembros del equipo que ya habían conseguido un asiento vieron que una señora viajaba con dos niños pequeños y permanecía de pie. Sin dudarlo, cedieron sus lugares para que ella pudiera viajar con mayor seguridad y comodidad.
Al final, todo el equipo logró viajar durante la noche en otro autobús. Perdimos un día completo de actividades evangelísticas en Medellín. Humanamente hablando, parecía una pérdida. Pero espiritualmente, Dios nos había dado una oportunidad mucho mayor: practicar aquello que íbamos a anunciar.
Hace algún tiempo comprendí que las situaciones de la vida diaria, sean agradables o difíciles, siempre nos ofrecen una oportunidad para manifestar el fruto del Espíritu. Cada circunstancia requerirá una expresión diferente de ese fruto.
Una enfermedad puede requerir fidelidad. Una situación de presión puede requerir paz y humildad. Una ofensa puede requerir gentileza. Una injusticia puede requerir paciencia. Una tentación puede requerir control propio. Una oportunidad de servir puede requerir bondad. E incluso un contratiempo puede requerir alegría, porque el gozo del cristiano no depende de las circunstancias, sino de la presencia de Dios.
Hay un detalle muy importante en este pasaje de Gálatas. Pablo no escribió: “la clase de frutos que el Espíritu produce son…”, sino “la clase de fruto que el Espíritu Santo produce es…”.
Esto significa que no estamos hablando de nueve frutos diferentes, como si cada creyente pudiera escoger algunos y dejar de lado los demás. Se trata de un solo fruto producido por el Espíritu Santo, que se manifiesta de diferentes maneras según la necesidad de cada situación.
Por eso no tiene sentido decir: “Dios me dio bondad, pero no me dio paciencia”, o “Tengo fe, pero no tengo dominio propio”. El mismo Espíritu que produce la bondad produce también la paciencia, la paz, la humildad y todas las demás virtudes.
A medida que permitimos que el Espíritu Santo gobierne nuestra vida, comenzamos a ver cada circunstancia como una oportunidad para reflejar a Cristo por medio de nuestro carácter.
Tal vez Dios no esté tan interesado en quitar inmediatamente todos tus problemas como en usar cada uno de ellos para producir en ti una nueva manifestación del fruto del Espíritu.
Oración: Señor, ayúdame a ver cada situación de mi vida como una oportunidad para manifestar el fruto de Tu Espíritu. Que, frente a las dificultades, muestre paciencia; frente a las personas, bondad; frente a las presiones, paz; frente a las provocaciones, humildad; frente a las tentaciones, dominio propio. Que Tu Espíritu produzca en mí un carácter cada vez más parecido al de Cristo, para que las personas no solo escuchen el Evangelio por medio de mis palabras, sino que también lo vean reflejado en mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio.” (Gálatas 5:22, NTV)
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