Lobos disfrazados de ovejas

Ocurrió en Barstow, California, Estados Unidos, el 22 de febrero de 2020. El inventor aficionado “Mad” Mike Hughes soñaba desde joven con construir un cohete que lo llevara al espacio. Sin embargo, durante muchos años no logró reunir más que unos pocos cientos de dólares para financiar sus proyectos. En busca de patrocinadores y de mayor visibilidad, comenzó a afirmar públicamente que era terraplanista y que construiría un cohete para demostrar que la Tierra era plana. La estrategia llamó la atención de los medios de comunicación, atrajo seguidores y finalmente le permitió conseguir los recursos necesarios para perseguir su sueño. El día del lanzamiento, frente a cámaras que transmitían el evento en vivo, el cohete despegó, pero pocos segundos después sufrió una falla catastrófica y se estrelló, causando la muerte de Mike. Solo después de la tragedia, Waldo Stakes, responsable de su promoción, reveló que Hughes nunca creyó en la teoría de la Tierra plana. Según él, esa historia había sido creada únicamente para despertar interés, conseguir financiamiento y hacer posible el verdadero sueño de Mike: construir cohetes y, algún día, llegar al espacio.

Lo que más llama la atención de esta historia no es el debate sobre la forma de la Tierra. Es el hecho de que alguien asumiera públicamente una creencia que en realidad nunca abrazó, solo porque le traería beneficios.

Lamentablemente, esa lógica no está presente únicamente en el mundo. La misma Biblia advirtió que también entraría en la Iglesia.

Existen hombres y mujeres que descubrieron que la fe puede generar dinero, influencia, prestigio y poder. Nunca fueron verdaderamente transformados por el Evangelio, pero aprendieron a reproducir su lenguaje. Conocen los versículos correctos, las palabras correctas, los gestos correctos e incluso las emociones correctas. No porque amen a Cristo, sino porque comprendieron que hay ganancias donde hay personas dispuestas a creer.

Pedro escribió: “Llevados por la avaricia, inventarán mentiras ingeniosas para apoderarse del dinero de ustedes…” (2 Pedro 2:3, NTV). Observa esa advertencia. Pedro no está hablando solamente del dinero. Está hablando de personas que convierten la fe en una mercancía y a los creyentes en consumidores.

Pablo hizo la misma advertencia al hablar de hombres que “piensan que la sumisión a Dios es un medio para enriquecerse.” (1 Timoteo 6:5, NTV). Judas también describió a personas que se infiltrarían entre los creyentes movidas por intereses egoístas, comparándolas con pastores que solo se alimentan a sí mismos y no al rebaño (Judas 4, 11-13).

Y el mismo Jesús declaró: “¡Cuidado con los falsos profetas que vienen disfrazados de ovejas inofensivas, pero en realidad son lobos feroces!” (Mateo 7:15, NTV). Observa que Jesús no dijo que parecerían lobos. Parecerían ovejas.

Quizá ese sea el mayor peligro para la Iglesia. No solo aquellos que enseñan herejías evidentes, sino también quienes descubrieron que la fe puede ser un excelente negocio y comenzaron a representar una creencia que nunca abrazaron de verdad.

Cuando la verdad se convierte únicamente en una herramienta para obtener dinero, fama o poder, el ministerio deja de ser servicio y pasa a ser un negocio, exactamente como lo advirtió Pedro.

Sin embargo, esto también nos lleva a una reflexión personal. No basta con preguntarnos si existen falsos pastores. También debemos preguntarnos cuál es la motivación de nuestro propio corazón al servir a Dios. ¿Le servimos porque amamos a Cristo o porque esperamos recibir algún beneficio? ¿Seguiríamos siendo fieles si nadie nos viera, nos alabara o nos recompensara?

El verdadero discípulo no utiliza a Jesús para alcanzar sus propios sueños. Entrega sus sueños para seguir a Jesús.

La fe genuina transforma primero el corazón y después la apariencia.

Oración: Señor, guarda mi corazón de toda motivación equivocada. Que nunca convierta lo que es santo en un medio para buscar reconocimiento, dinero o poder. Dame discernimiento para reconocer a los falsos maestros, pero también humildad para examinar constantemente mis propias intenciones. Que te sirva por amor y gratitud, y no por lo que pueda recibir. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Llevados por la avaricia, inventarán mentiras ingeniosas para apoderarse del dinero de ustedes…” (2 Pedro 2:3, NTV)

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