De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas

Ocurrió en Nueva York, Estados Unidos, en junio de 2026. Durante la celebración del primer campeonato de la NBA ganado por los New York Knicks en 53 años, una mujer fue grabada vaciando un basurero temático del equipo que estaba en la acera y llevándoselo en el metro como recuerdo. El video se hizo viral rápidamente en las redes sociales y ella fue identificada. Resultó ser nada menos que una directora ejecutiva de JPMorgan Chase. Como consecuencia de la enorme repercusión negativa, perdió su empleo y además recibió multas por arrojar basura en la vía pública y por apropiarse de un bien público. Días después devolvió el basurero a las autoridades. Una carrera prestigiosa, con un salario anual de 300 mil dólares, fue cambiada por un basurero valorado en apenas 170 dólares. El caso se convirtió en un ejemplo de cómo unos pocos segundos de una decisión impulsiva pueden destruir una carrera construida durante muchos años.
Existe un dicho que afirma que “la confianza sube por las escaleras, pero baja por el ascensor.”
Construir una buena reputación lleva años. Son cientos de pequeñas decisiones correctas, días de trabajo honesto, compromisos cumplidos, palabras verdaderas y una vida de integridad. Sin embargo, bastan unos pocos segundos de imprudencia para poner en riesgo aquello que tomó décadas construir.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en esta historia. Una carrera edificada a lo largo de muchos años quedó profundamente afectada por una decisión impulsiva. Tal vez aquel basurero parecía solo un recuerdo divertido de un momento histórico. Pero esa decisión reveló algo mucho más importante: el carácter se demuestra precisamente en las pequeñas decisiones que tomamos cuando creemos que nadie nos está observando.
La Palabra de Dios enseña: “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, Y la buena fama más que la plata y el oro.” (Proverbios 22:1, RV1960). Vivimos en una sociedad que valora enormemente el dinero, el éxito y la posición profesional. Sin embargo, Dios nos recuerda que existe algo mucho más valioso: un buen nombre.
Un buen nombre no puede comprarse ni heredarse. Se construye día tras día mediante una vida íntegra. Por eso Jesús afirmó: “Si son fieles en las cosas pequeñas, también lo serán en las grandes; pero si son deshonestos en las cosas pequeñas, no actuarán con honradez en las responsabilidades más grandes.” (Lucas 16:10, NTV). La fidelidad en lo poco prepara el carácter para las grandes responsabilidades. Del mismo modo, las pequeñas concesiones pueden abrir la puerta a grandes caídas.
Esto no significa que quien falla esté condenado para siempre. La gracia de Dios sigue estando disponible para restaurar a quien se arrepiente sinceramente. Pedro negó a Jesús y fue restaurado. David cometió un grave pecado y encontró misericordia. La diferencia está en reconocer el error, arrepentirse y permitir que Dios transforme el corazón.
Aun así, las Escrituras nos invitan a vivir con prudencia, porque algunas consecuencias pueden permanecer durante mucho tiempo.
Antes de tomar una decisión impulsiva, vale la pena hacerse una pregunta: “¿Esto preservará o comprometerá el buen nombre que estoy construyendo?” La reputación se construye poco a poco, pero puede perderse en un instante.
Por eso, cuida tu carácter cada día. Después de todo, un buen nombre sigue siendo uno de los mayores tesoros que una persona puede poseer.
Oración: Señor, ayúdame a vivir con integridad en todas las áreas de mi vida. Guárdame de las decisiones impulsivas y de las pequeñas concesiones que puedan comprometer mi testimonio. Que mi carácter refleje la presencia de Cristo y que valore más un buen nombre delante de Ti que cualquier riqueza o reconocimiento de este mundo. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, Y la buena fama más que la plata y el oro.” (Proverbios 22:1, RV1960)
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