El orden de la creación

Ocurrió en el Aeropuerto de Haneda, en Tokio, Japón, el 2 de enero de 2024. El vuelo JL516 de Japan Airlines, un Airbus A350-900, colisionó con una aeronave de la Guardia Costera de Japón poco después de aterrizar, provocando un incendio que destruyó ambos aviones. Gracias a la rápida actuación de la tripulación, los 379 ocupantes del Airbus lograron evacuar la aeronave con vida en cuestión de minutos. Sin embargo, dos mascotas que viajaban en el compartimiento de carga murieron entre las llamas. Debido a la rápida propagación del fuego, no era posible acceder a la bodega del avión sin poner en riesgo la vida de los pasajeros y de la tripulación. El caso causó una gran conmoción en Japón y reavivó el debate sobre el transporte de animales en vuelos comerciales. No obstante, las autoridades reiteraron que, en una evacuación de emergencia, preservar la vida humana es la prioridad absoluta y que ninguna operación de rescate de animales puede poner en peligro a las personas.
Esta tragedia nos lleva a reflexionar sobre una verdad que Dios estableció desde la creación. Es natural sentir tristeza por la muerte de los animales. Ellos forman parte de la creación de Dios y deben ser tratados con respeto y cuidado. La misma Biblia afirma que “Los justos cuidan de sus animales” (Proverbios 12:10, NTV). La crueldad hacia los animales jamás encuentra respaldo en las Escrituras.
Sin embargo, la Palabra de Dios también establece un orden muy claro para la creación.
Al crear al ser humano, Dios declaró: “Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo.” (Génesis 1:26, NTV). El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Ninguna otra criatura recibió ese privilegio. Los animales son obra de las manos del Creador, pero no fueron creados a Su imagen. Esa diferencia concede a la vida humana un valor único e incomparable.
Después del diluvio, Dios amplió aún más esa relación al decirle a Noé: “Todo lo que vive y se mueve les servirá de alimento. Así como antes les di las plantas verdes para comer, ahora les doy todo lo demás.” (Génesis 9:3, NTV).
Esto no significa que podamos tratar a los animales de manera irresponsable o cruel. Al contrario, fuimos llamados a ejercer dominio con sabiduría, responsabilidad y cuidado, como administradores de la creación de Dios. El dominio bíblico nunca es sinónimo de abuso.
Al mismo tiempo, tampoco debemos invertir el orden establecido por el Señor. Vivimos tiempos en los que, con frecuencia, la vida de un animal recibe más consideración que la vida de un ser humano. Hay personas profundamente conmovidas por el sufrimiento de un animal, pero indiferentes ante el abandono de niños, el hambre de familias o la destrucción de vidas creadas a imagen de Dios. Cuando eso sucede, algo del orden establecido por Dios se ha perdido.
Esto también nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades. Podemos amar a los animales, cuidarlos y agradecer a Dios por su compañía. Pero jamás debemos olvidar que Cristo murió por hombres y mujeres. No porque los animales no tengan valor, sino porque solo el ser humano fue creado para vivir una relación consciente con Dios y recibir la salvación por medio de Cristo.
Toda la creación señala al Creador, pero solo el ser humano fue llamado a conocerlo, adorarlo y reflejar Su imagen.
Cuando respetamos el orden establecido por Dios, aprendemos a amar correctamente toda Su creación, sin invertir los valores que Él mismo definió.
Oración: Señor, gracias por toda la belleza de Tu creación. Enséñame a cuidar con responsabilidad todo aquello que has puesto bajo mi cuidado, pero también a no perder nunca de vista el valor único de la vida humana, creada a Tu imagen y semejanza. Que mis prioridades sean moldeadas por Tu Palabra y no por los valores de este mundo. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo».” (Génesis 1:26, NTV)
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