¿En qué puerta estoy?

En Mateo 7, versículos 13 y 14, encontramos a Jesús trayendo una importante reflexión a las miles de personas que lo escuchaban. Él dijo: “Entren por la puerta angosta. La autopista al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino. Sin embargo, la puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son solo unos pocos los que alguna vez lo encuentran” (Mateo 7:13-14, NTV).
Las palabras de Jesús me llevan a dos reflexiones importantes:
La primera es que no existe una puerta neutral. Solo hay dos puertas: una es ancha y espaciosa, y la otra es angosta y estrecha. No existe una puerta “intermedia”, neutral, que no tenga un destino determinado.
La segunda y más importante reflexión es identificar en qué puerta estoy. ¿Estoy en la puerta angosta o en la puerta ancha?
Diferente de lo que muchos piensan, la puerta angosta no es la puerta de los problemas. En Mateo 5:45, la Palabra de Dios nos dice que el Señor “da la luz del sol tanto a malos como a buenos y envía lluvia sobre justos e injustos por igual” (NTV). Los días buenos y los días malos alcanzarán a todos. La puerta angosta no significa una vida con o sin dificultades.
Pero hay cosas que solo encontramos en la puerta angosta:
En la puerta angosta hay confrontación, porque el Espíritu Santo nos confronta y revela el pecado: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de su pecado, y de la justicia de Dios y del juicio que viene” (Juan 16:8, NTV).
En la puerta angosta hay renuncia, especialmente a los deseos de la carne: “Los que pertenecen a Cristo Jesús han clavado en la cruz las pasiones y los deseos de la naturaleza pecaminosa” (Gálatas 5:24, NTV).
En la puerta angosta mi prioridad es el Reino de Dios y su justicia: “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten” (Mateo 6:33, NTV).
En la puerta angosta coloco la casa de Dios antes que la mía: “¿Por qué viven ustedes en casas lujosas mientras mi casa permanece en ruinas?” (Hageo 1:4, NTV).
Si en mi vida no hay confrontación, renuncia y prioridad por el Reino, ciertamente estoy en la puerta ancha. Porque quien camina con Cristo inevitablemente será transformado, confrontado y llamado a vivir para algo mucho mayor que sí mismo.
Oración: Señor mi Dios, hoy renuncio a la puerta ancha y al camino espacioso que aleja al hombre de Tu presencia. Renuncio a los deseos de mi carne, al orgullo, a la autosuficiencia, a una vida sin confrontación y sin transformación. No quiero vivir un evangelio cómodo, superficial y sin renuncia. Quiero caminar por la puerta angosta, aun cuando ella exija cambio, entrega y obediencia. Amén.
Versículo del día: “Entren por la puerta angosta. La autopista al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino. Sin embargo, la puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son solo unos pocos los que alguna vez lo encuentran” (Mateo 7:13-14, NTV).
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