Llamados a proteger

En Brasil, solo durante el primer semestre de 2026, más de 580 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas. Esto representa una alarmante media de más de tres asesinatos por día, en los que una mujer pierde la vida a manos de un hombre que afirma amarla y que debería cuidarla, protegerla y, más aún, estar dispuesto a dar su propia vida por ella.

La Biblia presenta al esposo como alguien llamado a amar a su esposa de manera sacrificial, cuidadosa y protectora. En Efesios 5:25, Pablo ordena: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella (RV1960), estableciendo el modelo supremo de amor: estar dispuesto a sacrificarse por el bien de la esposa. Ese amor debe ir acompañado de cuidado y provisión, pues “porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida(Efesios 5:29 – RV1960), y el esposo debe tratar a su esposa con honra y consideración (1 Pedro 3:7 – RV1960).

La Palabra de Dios también enseña que el hombre tiene la responsabilidad de proteger y liderar su hogar con sabiduría y dedicación, siguiendo el ejemplo de Cristo como cabeza de la Iglesia (Efesios 5:23 – RV1960) y procurando siempre el bienestar físico, emocional y espiritual de su esposa. Así, el amor bíblico del esposo no es egoísta ni dominante, sino sacrificial, servicial y comprometido, reflejando el principio de Juan 15:13: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. (RV1960).

A la luz de la enseñanza bíblica, pocas actitudes son tan contradictorias como que un hombre quite la vida a su propia esposa o compañera. Aquel que fue llamado a amar, proteger, cuidar y, si fuera necesario, dar su vida por ella, hace exactamente lo contrario cuando la agrede o la mata. No se trata solamente de un crimen contra una persona; también se trata de la completa negación del propósito que Dios estableció para el hombre dentro del hogar.

Es muy probable que usted, que está leyendo esta reflexión, jamás haya pensado en quitarle la vida a su compañera. Sin embargo, también es posible que no esté ejerciendo plenamente el papel de cuidado, protección y amor sacrificial que la Palabra de Dios establece. El desafío del Evangelio no consiste únicamente en evitar el extremo de la violencia. Consiste en vivir diariamente el extremo opuesto: el amor sacrificial de Cristo.

Necesitamos comprender que el objetivo del enemigo siempre es alejarnos del plan de Dios. No siempre conduce a una persona directamente hacia la violencia. Muchas veces comienza con la indiferencia, el egoísmo, la negligencia, la falta de cuidado, la ausencia de diálogo o la incapacidad de demostrar amor. El mismo enemigo que desea destruir los hogares por medio del odio también trabaja para debilitarlos mediante la frialdad y la omisión.

Por eso, esta reflexión es una invitación para todos nosotros, especialmente para los hombres. Somos llamados a reflejar a Cristo dentro de nuestros hogares. Somos llamados a proteger, servir, cuidar, honrar y amar. El modelo no es la cultura, ni las redes sociales, ni los ejemplos imperfectos que encontramos a nuestro alrededor. El modelo es Cristo, que amó a Su Iglesia hasta el punto de entregar Su propia vida por ella.

Que usted y yo recordemos cada día este llamado celestial. Que nuestras esposas, compañeras y familias encuentren en nosotros no una fuente de temor, indiferencia o inseguridad, sino un reflejo del amor, la protección y la gracia de Dios.

Oración: Señor, enséñanos a amar como Cristo amó. Ayúdanos a cuidar, proteger, honrar y servir a aquellos que has puesto bajo nuestra responsabilidad. Que nuestros hogares reflejen Tu amor y que nuestras acciones glorifiquen Tu nombre. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Esposos, amen a su esposa así como Cristo amó a la iglesia y entregó su vida por ella.” (Efesios 5:25 – TLA)

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