Una vida entera en prisión

Ocurrió en San Diego, California (Estados Unidos), el 29 de enero de 1979. Aquella mañana, Brenda Spencer, una adolescente de apenas 16 años, abrió fuego contra la Escuela Primaria Grover Cleveland, ubicada frente a su casa, matando a dos personas e hiriendo a otras nueve. El crimen fue el trágico desenlace de una infancia marcada por el divorcio de sus padres, conflictos familiares, aislamiento, consumo de alcohol y drogas y graves problemas emocionales. Pocas semanas antes del ataque, había recibido como regalo de su propio padre un rifle calibre .22, la misma arma utilizada en la masacre. Cuando le preguntaron por qué había disparado, respondió con una frase que conmocionó al mundo: «No me gustan los lunes.» Juzgada como adulta, Brenda fue condenada a cadena perpetua. Desde entonces, todas sus solicitudes de libertad condicional han sido rechazadas. Hoy, a los 64 años, ha pasado cerca de 48 años en prisión, habiendo vivido prácticamente toda su vida adulta tras las rejas, sin conocer la vida fuera de la cárcel.

Al pensar en Brenda Spencer, recordé que existen personas que jamás han entrado en una prisión y, aun así, han vivido encarceladas durante décadas. Algunos están presos al alcohol, otros a la pornografía, otros al resentimiento, la avaricia, la mentira o la infidelidad. La diferencia es que sus barrotes no están hechos de hierro. Están hechos de hábitos, deseos y pecados que se han convertido en dueños de sus vidas.

Pablo afirma en Gálatas 5:1 que “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad” (NTV). Y, a partir del versículo 16, explica lo que significa ser verdaderamente libre: Así que les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa. (Gálatas 5:16 – NTV). Existe en nuestro mundo la falsa idea de que la libertad consiste en satisfacer todos nuestros deseos sin restricciones. Nada podría estar más lejos de la verdad. La verdadera libertad es justamente lo contrario: es tener la capacidad de decir no a nuestros deseos. Una persona dominada por sus propios impulsos siempre será esclava de ellos.

Jesús enseñó esta misma verdad cuando declaró: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” (Juan 8:34 – RV1960). La esclavitud espiritual no siempre es visible. Muchas veces se esconde detrás de comportamientos socialmente aceptados, hábitos aparentemente inofensivos o placeres que la sociedad incluso promueve. Sin embargo, sigue siendo esclavitud.

¿Existe algún deseo al que usted no puede decirle “no”? Ese deseo puede ser la pornografía, la infidelidad, las apuestas, el alcohol, el cigarrillo o alguna droga. Pero también puede encontrarse en cosas que muchos consideran pequeñas: el café, la comida, el azúcar, el chisme, la consulta al horóscopo, las redes sociales o las películas de terror. La verdadera libertad consiste en ser capaces de decir no a aquello que el cuerpo desea, especialmente cuando eso nos aleja del Señor.

El mundo dirá: “Sigue los deseos de tu corazón.” Pero la Palabra de Dios nos advierte: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9 – RV1960). La falsa libertad de los deseos es, en realidad, una prisión invisible. Cuanto más cree una persona que simplemente está haciendo lo que quiere, más riesgo corre de descubrir que ya no puede hacer otra cosa.

La tragedia de Brenda nos recuerda que una prisión puede durar décadas. Pero el Evangelio nos recuerda algo aún mayor: ninguna celda espiritual es demasiado fuerte para aquel a quien Cristo decide libertar. Ningún pecado es demasiado poderoso. Ninguna adicción es demasiado definitiva. Ninguna cadena es demasiado resistente ante el poder de Dios. Por eso Jesús declaró:Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. (Juan 8:36 – RV1960).

Tal vez haya personas leyendo esta reflexión que cargan cadenas invisibles desde hace años. Tal vez han intentado romperlas con fuerza de voluntad y han fracasado una y otra vez. La buena noticia del Evangelio es que Cristo no vino solamente para perdonar pecadores. También vino para liberar cautivos.

La verdadera libertad no consiste en hacer todo lo que deseamos, sino en vivir bajo el gobierno de Aquel que nos creó y sabe lo que es mejor para nosotros.

Oración: Señor, revela las áreas de mi vida donde todavía soy esclavo de deseos, hábitos o pecados. Dame fuerzas para decir no a aquello que me aleja de Ti y ayúdame a vivir en la verdadera libertad que existe en Cristo. Que Tu Espíritu dirija cada decisión de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Si el Hijo les da la libertad, ustedes serán verdaderamente libres.” (Juan 8:36 – TLA)

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