La batalla por el control

Ocurrió el 6 de septiembre de 1970, durante un vuelo de El Al entre Ámsterdam y Nueva York. Poco antes del despegue, el comandante Uri Bar-Lev fue alertado sobre cuatro pasajeros sospechosos. A dos de ellos se les impidió abordar, pero otros dos, que viajaban con pasaportes hondureños, lograron subir al avión. Desconfiado, Bar-Lev pidió que un agente de seguridad permaneciera cerca de la cabina. Minutos después del despegue, sus sospechas se confirmaron: los dos pasajeros eran secuestradores armados que exigían acceso a la cabina de mando y amenazaban con matar a los pasajeros si no obedecían sus órdenes.
Ante una decisión que debía tomarse en cuestión de segundos, Bar-Lev comprendió que abrir la cabina significaría entregar el control de la aeronave a los terroristas y poner en riesgo todas las vidas a bordo. Entonces, en lugar de ceder, realizó una maniobra extrema: lanzó el Boeing en un descenso abrupto, similar a las maniobras de combate utilizadas por pilotos militares. En apenas unos segundos, el avión perdió cerca de 3.000 metros de altitud, arrojando a los secuestradores al suelo mientras los pasajeros permanecían protegidos por sus cinturones de seguridad. La maniobra creó la oportunidad para que el agente de seguridad reaccionara y neutralizara la amenaza. Todo el incidente duró aproximadamente dos minutos y medio y terminó con el avión y sus pasajeros a salvo gracias a la rápida decisión del comandante.
Lo que más llama mi atención de esta historia es que el comandante entendió algo fundamental: el momento más peligroso no era la presencia de los secuestradores en el avión. El verdadero peligro comenzaría si lograban entrar en la cabina de mando. Mientras la cabina permaneciera protegida, todavía había esperanza. Pero una vez entregado el control de la aeronave, todas las vidas a bordo estarían en riesgo.
Esta realidad nos enseña una importante lección espiritual. Todos enfrentamos tentaciones, presiones, pensamientos equivocados, influencias nocivas y ataques del enemigo. La cuestión no es si estas amenazas estarán presentes a nuestro alrededor. La cuestión es si permitiremos que asuman el control de la cabina de mando de nuestra vida.
Por eso, la Palabra de Dios nos advierte: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.“ (Proverbios 4:23 – NTV). El corazón es la cabina de mando de la existencia humana. Es allí donde se toman las decisiones, se forman las convicciones y se definen los rumbos de la vida. Quien controla el corazón, controla el destino.
El apóstol Pablo también hace una advertencia muy directa: “Ni den cabida al diablo.” (Efesios 4:27 – RV1960). Observe que Pablo no habla solamente de grandes pecados o caídas dramáticas. Habla de dar lugar. Muchas veces el enemigo no toma el control de una sola vez. Busca simplemente una puerta abierta, una pequeña concesión, un área sin vigilancia. El problema es que aquello que comienza siendo pequeño puede crecer hasta intentar ocupar toda la cabina.
La buena noticia es que Dios no nos llamó a vivir dominados por el pecado ni por el temor. Santiago nos muestra el camino de la victoria cuando escribe: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7 – RV1960). Así como el comandante se negó a entregar el control de la aeronave, el cristiano necesita decidir cada día que hay áreas que jamás serán entregadas al enemigo. Hay puertas que simplemente no se abrirán. Hay pensamientos que no serán alimentados. Hay pecados que no serán negociados.
La vida espiritual es, en muchos aspectos, una batalla por el control. Quien controla la cabina determina el destino de la aeronave. Quien controla el corazón determina la dirección de la vida. Por eso debemos velar constantemente para que Cristo permanezca ocupando el lugar que le corresponde. Cuando Él está al mando, podemos enfrentar tormentas, ataques y amenazas sin perder el rumbo, porque nuestro destino permanece seguro en Sus manos.
Oración: Señor, ayúdame a guardar mi corazón y a no dar lugar al enemigo. Que Cristo sea siempre el Señor de mi mente, de mis decisiones y de mi voluntad. Dame discernimiento para resistir el mal y permanecer firme en Ti cada día. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:23 – TLA)
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