La mentira no es una falta social sin importancia

Cuando Pablo presenta, en Gálatas 5, una lista de las obras de la carne, encontramos comportamientos que reconocemos fácilmente: “adulterio, inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de ira, ambición egoísta, discordias, divisiones”, además de envidias, homicidios, borracheras y otros pecados. Pero hay algo que llama la atención: la mentira no aparece en la lista.
¿Acaso Pablo se olvidó de ella? Por supuesto que no. La Biblia habla muchas veces acerca de la mentira y deja claro que Dios la toma muy en serio. Entonces, ¿por qué no aparece entre las obras de la carne?
Tal vez la respuesta esté en una diferencia importante. Pablo está describiendo comportamientos que brotan de la naturaleza humana corrompida por el pecado. Los deseos descontrolados, la envidia, la ira, la rivalidad, la inmoralidad y tantos otros comportamientos revelan aquello que existe dentro del ser humano alejado de Dios. La mentira, sin embargo, recibe en las palabras de Jesús una identificación todavía más profunda.
En Juan 8:44, Jesús confrontó a personas que afirmaban ser descendientes de Abraham y declaró: “Ustedes son hijos de su padre, el diablo… Él siempre ha odiado la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando miente, actúa de acuerdo con su naturaleza porque es mentiroso y el padre de la mentira.”
Jesús podría simplemente haber acusado a aquellas personas de mentir. Pero fue más allá. Reveló el origen espiritual de aquello que estaban haciendo. La mentira no era solamente un comportamiento inadecuado; sus palabras estaban reproduciendo el carácter de aquel que las Escrituras presentan como su padre.
Esto nos lleva de regreso al comienzo de la historia humana. Incluso antes de que se entregara cualquier código de leyes, la serpiente ya había utilizado la mentira para conducir al ser humano a la desobediencia. En el jardín del Edén, Satanás no llegó simplemente diciendo: “Desobedece a Dios.” Comenzó distorsionando la Palabra de Dios, sembrando dudas donde había verdad y presentando la desobediencia como algo deseable.
Desde entonces, la mentira continúa funcionando de la misma manera. Distorsiona la realidad, debilita la verdad e intenta hacer parecer razonable aquello que Dios ya declaró que está mal.
Por eso, Dios no trata la mentira como una falta social sin importancia. En Proverbios 6:16-19 encontramos una lista de las cosas que el Señor aborrece, y entre ellas están “la lengua mentirosa” y también “el testigo falso que dice mentiras.” La mentira no ocupa un lugar secundario en la evaluación de Dios.
Al final de las Escrituras, la advertencia también permanece. Apocalipsis 21:8 afirma: “Los mentirosos tendrán su destino en el lago de fuego y azufre.” La mentira aparece allí junto a otros pecados graves, mostrando que Dios no la considera un simple “pecadito” inevitable de la vida cotidiana.
Tal vez por eso necesitamos tener cuidado cuando comenzamos a clasificar nuestras mentiras. La mentira pequeña, la mentira para evitar problemas, la mentira para proteger nuestra imagen, la mentira que consideramos necesaria o aquella que decimos para obtener alguna ventaja. Poco a poco, podemos transformar aquello que Dios llama pecado en algo que simplemente llamamos “una manera de vivir”.
El problema no es solamente decir algo que no corresponde a la verdad. Es pensar que determinada mentira es demasiado pequeña como para importar.
Jesús declaró: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Jn. 14:6). Si Cristo es la verdad, quien pertenece a Cristo debe aprender a amar la verdad, incluso cuando cuesta, incluso cuando decir la verdad significa reconocer un error, perder una ventaja o enfrentar las consecuencias de una decisión.
La mentira puede parecer una manera de preservar la paz, proteger una reputación o escapar de una consecuencia. Pero ninguna mentira puede producir la paz que solamente la verdad puede producir.
Cada vez que elegimos la verdad, incluso cuando nos cuesta algo, estamos eligiendo parecernos más a Cristo y menos a aquel que es el padre de la mentira.
Oración: Señor, guarda mi corazón y mis labios para que no trate la mentira como algo pequeño o normal. Dame valor para vivir en la verdad, incluso cuando esto me exija humildad, renuncia o enfrentar las consecuencias de mis errores. Que mis palabras revelen cada vez más el carácter de Cristo en mi vida. Amén.
Versículo del día: “Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo.” — Efesios 4:25 | NTV
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