La pregunta que lo cambió todo

Conocí la historia real de un hombre que tenía un bar donde, durante las noches, ofrecía karaoke. Para aumentar las ventas, contrató meseras que vestían de manera provocativa y obtuvo los resultados esperados: el negocio creció y era muy concurrido, especialmente por hombres y jóvenes. Sin embargo, su esposa se sentía incómoda con aquella situación y, un día, le hizo una sola pregunta: — “¿Te gustaría que nuestras hijas trabajaran aquí?”

Aquel hombre guardó silencio. Y esa sencilla pregunta lo llevó a tomar una decisión radical: cerrar el negocio.

El año siguiente fue extremadamente difícil. Llegaron desafíos financieros, incertidumbre y muchas luchas. Sin embargo, perseveró, abrió un restaurante familiar y, con el paso del tiempo, construyó un negocio próspero. Dios honró su decisión.

Muchas decisiones parecen correctas cuando se analizan únicamente por el resultado económico. Después de todo, el bar estaba lleno, las ventas aumentaban y el dinero entraba. Desde el punto de vista empresarial, la estrategia funcionaba. Pero no todas las decisiones deben evaluarse solamente por las ganancias que producen. Existen preguntas más importantes.

Eso fue precisamente lo que hizo la esposa de aquel hombre. No habló de ingresos, no presentó cifras ni mencionó a la competencia. Simplemente hizo una pregunta que golpeó directamente la conciencia de su esposo: “¿Te gustaría que nuestras hijas trabajaran aquí?”

De repente, aquello que parecía aceptable dejó de parecer tan bueno.

Es interesante notar que Jesús enseñó un principio similar cuando dijo: “Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas.” (Mateo 7:12, NTV). Muchas veces evaluamos las situaciones de una manera cuando nos benefician y de una forma completamente distinta cuando imaginamos a nuestros hijos, a nuestro cónyuge o a alguien que amamos ocupando el otro lado de la historia.

Aquella pregunta reveló algo importante: ese hombre se sentía cómodo obteniendo ganancias de una situación que jamás habría deseado para sus propias hijas. ¿Y no es eso precisamente lo que ocurre muchas veces con nosotros? Somos rápidos para aceptar ciertas cosas mientras nos favorecen, pero cambiamos completamente de opinión cuando imaginamos a alguien que amamos sufriendo las consecuencias.

La decisión de cerrar el negocio no fue fácil. Hubo un año de dificultades económicas, incertidumbre y sacrificios. Pero la verdadera victoria ocurrió antes de que llegara la prosperidad. La victoria ocurrió cuando decidió obedecer a su conciencia y poner sus valores por encima de las ganancias.

Hoy vivimos en una cultura que con frecuencia pregunta: “¿Esto da dinero?” Pero el discípulo de Cristo necesita aprender a hacer una pregunta aún más importante: “¿Esto honra a Dios?” Porque existen ganancias que cuestan demasiado. Y existen pérdidas temporales que producen beneficios eternos.

En muchas situaciones de la vida, la decisión correcta no será la más rentable, la más cómoda ni la más popular. Será simplemente aquella que agrada al Señor. Y cuando elegimos honrar a Dios por encima de nuestros intereses inmediatos, podemos tener la certeza de que Él cuidará de nuestro futuro mucho mejor de lo que nosotros mismos podríamos hacerlo.

Oración: Señor, dame sabiduría para tomar decisiones que honren Tu nombre. Que nunca coloque las ganancias, la conveniencia o mis propios intereses por encima de Tus principios. Ayúdame a escoger siempre lo que es correcto delante de Tus ojos, confiando en que Tú cuidarás de todas mis necesidades. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes.” (Mateo 7:12, TLA)

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