La fe del Hijo y la fe en el Hijo

Algo que he aprendido en estos siete años de ministerio de Hora de Orar es a amar profundamente la Palabra de Dios. Me encanta estudiarla, conocerla y profundizar en ella cada día. Hoy quiero compartir una breve reflexión sobre una diferencia sutil, pero muy importante, entre dos traducciones de Gálatas 2:20.
La versión Reina-Valera 1960 (RVR1960) dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Por su parte, la Nueva Traducción Viviente (NTV) traduce el mismo pasaje de la siguiente manera: “Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Estas dos versiones presentan una pequeña diferencia en la redacción, pero una diferencia importante en la interpretación. Mientras la RVR1960 afirma que vivimos “en la fe del Hijo de Dios”, la NTV expresa la idea como “confiando en el Hijo de Dios”. Existe una diferencia significativa entre vivir por la fe DEL Hijo y vivir por la fe EN el Hijo. Ante esto surge naturalmente la pregunta: ¿está equivocada alguna de las dos traducciones?
La respuesta corta y directa es: no.
La diferencia entre “vivo en la fe del Hijo de Dios” (RVR1960) y “vivo… confiando en el Hijo de Dios” (NTV) se encuentra en la manera en que cada traducción interpreta la expresión griega ἐν πίστει ζῶ τῇ τοῦ υἱοῦ τοῦ θεοῦ (en pistei zō tē tou huiou tou theou). El punto central está en el genitivo τοῦ υἱοῦ τοῦ θεοῦ (“del Hijo de Dios”), que en el idioma griego puede entenderse legítimamente de dos maneras.
La primera posibilidad es el llamado genitivo objetivo, que significa “fe en el Hijo de Dios”, es decir, la fe que el creyente deposita en Cristo. La segunda es el genitivo subjetivo, que significa “la fe (o fidelidad) del Hijo de Dios”, refiriéndose a la perfecta fidelidad de Cristo al cumplir la voluntad del Padre, culminando en Su muerte en la cruz.
La mayoría de las traducciones modernas, como la NTV, optan por la primera interpretación, por considerarla la más natural dentro del contexto del Nuevo Testamento, que con frecuencia enfatiza la fe del creyente en Cristo. La RVR1960, en cambio, conserva la expresión más literal “la fe del Hijo de Dios”, dejando al lector la responsabilidad de interpretar el sentido del genitivo.
En los últimos años, diversos estudiosos han sostenido que Pablo pudo haber utilizado esta expresión de manera intencionalmente rica, permitiendo que ambas ideas coexistieran. El creyente vive por su fe en Cristo, pero esa vida solo es posible porque, antes que nada, fue alcanzado por la perfecta fidelidad de Cristo al cumplir plenamente la voluntad del Padre.
Así, lejos de ser interpretaciones excluyentes, ambas traducciones resaltan aspectos complementarios de una misma verdad. Somos salvos por la obediencia y fidelidad perfecta de Cristo, quien fue hasta la cruz por amor a nosotros; y vivimos cada día por medio de nuestra fe en Él. La fidelidad de Cristo hizo posible nuestra salvación; nuestra fe en Cristo nos permite disfrutar de esa salvación cada día de nuestra vida.
Esta riqueza del texto bíblico también nos enseña algo precioso: cuanto más estudiamos las Escrituras, más descubrimos su profundidad. La Palabra de Dios no se contradice; se complementa. Muchas veces, diferentes traducciones no compiten entre sí, sino que iluminan distintas facetas de una misma verdad revelada por Dios.
Oración: Señor, gracias por la riqueza de Tu Palabra. Dame un corazón que ame las Escrituras, que desee conocerlas cada vez más y vivir cada día a la luz de la verdad que ellas revelan. Que nunca pierda el gozo de estudiar Tu Palabra y que mi fe en Cristo sea fortalecida día tras día, recordando que todo comenzó por la fidelidad perfecta de Tu Hijo. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Así que ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo, la vivo confiando en el Hijo de Dios, porque él me amó y quiso morir para salvarme.” (Gálatas 2:20, TLA)
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