¿Cuál es la emoción que más te visita?

¿Cuál es la emoción que más te visita?

¿Estás frecuentemente irritado? ¿Con rabia? ¿Frustrado? ¿Ansioso? ¿Preocupado? ¿Estresado? ¿Con celos? ¿Envidia? ¿Triste? ¿Cansado? ¿Desanimado?

O, por el contrario, ¿la emoción que más te acompaña es la alegría, la satisfacción, la paz, la tranquilidad, el buen ánimo y el entusiasmo?

La Biblia habla mucho acerca de nuestras emociones. Nos invita a no vivir afanosos (Filipenses 4:6-7), a ejercer la paciencia (Proverbios 16:32), a encontrar descanso en Cristo (Mateo 11:28-29), a no desanimarnos frente a las dificultades (2 Corintios 4:16-17) y a dominar la ira (Santiago 1:19-20). Y estas son solo algunas de las muchas referencias bíblicas que abordan este tema.

Al mismo tiempo, las Escrituras no esconden las luchas emocionales de los hombres de Dios. Jonás fue dominado por la ira y la frustración. David, en diferentes momentos, actuó impulsivamente y guiado por las pasiones de su corazón. Elías experimentó miedo, cansancio y una profunda tristeza. Pedro fue impulsivo y muchas veces actuó sin reflexionar. Caín permitió que la envidia y la ira dominaran su corazón.

Al encontrar tantas referencias sobre las emociones en la Palabra de Dios, podemos concluir que este es un tema importante para el Señor, porque las emociones tienen un impacto significativo en nuestra vida y en nuestra relación con Él.

Las emociones en sí mismas no son pecaminosas. El problema surge cuando ellas pasan a gobernar nuestras decisiones. Al observar las Escrituras, con frecuencia percibimos que las emociones descontroladas están asociadas con la falta de fe o con una percepción equivocada acerca de quién es Dios.

La ansiedad crece cuando olvidamos que Dios sigue teniendo el control. El miedo aumenta cuando perdemos de vista la presencia del Señor. La envidia se fortalece cuando dejamos de confiar en la bondad de Dios para con nosotros. La ira se vuelve dominante cuando creemos que necesitamos resolver todo con nuestras propias fuerzas.

Por eso, si al comienzo de esta reflexión identificaste que alguna emoción negativa ha estado dominando tu vida, existen al menos dos acciones importantes que debes tomar.

La primera es ajustar tu percepción acerca de Dios. Esto sucede cuando alimentamos nuestra mente con la Palabra, estudiamos el carácter del Señor y recordamos todo lo que Él ya ha hecho en nuestra historia. Muchas veces, David fortalecía su fe precisamente recordando las obras de Dios en el pasado.

La segunda es fortalecer la fe. Y la fe es fortalecida por medio de la oración sincera, la obediencia a los principios de las Escrituras y la práctica de la gratitud. Cuanto más conocemos a Dios, más aprendemos a interpretar la vida a partir de Su fidelidad y no de nuestras emociones.

Las emociones son visitantes. Llegan y se van. Pero Dios permanece siendo el mismo. Por eso, nuestra vida no puede ser gobernada por lo que sentimos en determinado momento, sino por la verdad inmutable de la Palabra de Dios.

Oración: Señor, ayúdame a no ser gobernado por mis emociones, sino por Tu verdad. Cuando la ansiedad, la ira, el miedo o el desánimo intenten dominar mi corazón, recuérdame quién eres Tú y todo lo que ya has hecho en mi vida. Fortalece mi fe, enséñame a confiar en Ti y ayúdame a desarrollar un corazón agradecido y obediente. Que mis emociones estén sometidas a Tu voluntad y que mi confianza esté firmemente establecida en Tu carácter. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (Filipenses 4:6, NTV)

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