Nadando contra la corriente

El salmón es uno de los pocos peces conocidos por enfrentar la corriente en determinadas etapas de su vida. Después de pasar años en el océano, inicia un largo viaje de regreso al río donde nació. Para llegar a su destino, debe nadar contra la fuerza de las aguas, superar obstáculos e incluso saltar pequeñas cascadas. Este esfuerzo exige mucha energía y lo expone a diversos peligros, pero el salmón sigue avanzando porque hay un propósito mayor delante de él: llegar al lugar preparado para la próxima generación. Si simplemente se dejara llevar por la corriente, jamás alcanzaría el destino para el cual fue creado.
La creación de Dios está llena de lecciones, y la travesía del salmón nos recuerda una verdad importante: aquello que es más fácil no siempre es aquello para lo que fuimos creados.
Para el salmón, dejarse llevar por la corriente requeriría menos esfuerzo. Sería más cómodo y más natural. Pero, si siguiera solamente el flujo de las aguas, jamás cumpliría su misión.
Lo mismo ocurre con nosotros. Vivimos en una sociedad que constantemente nos invita a simplemente seguir la corriente. Seguir la opinión de la mayoría. Adoptar los valores del mundo. Hacer lo que todos hacen. Buscar solamente comodidad, placer y realización personal. Sin embargo, la vida cristiana nunca fue descrita en las Escrituras como un camino de conformidad con este mundo.
Pablo escribió: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar” (Romanos 12:2, NTV). Seguir a Cristo frecuentemente significa nadar contra la corriente. Significa elegir la verdad cuando la mentira se ha vuelto común. Significa permanecer fiel cuando la cultura a nuestro alrededor abandona los principios de Dios. Significa perdonar cuando todos esperan venganza. Significa vivir para la eternidad en una generación obsesionada únicamente con el presente.
Nada de esto es fácil. Así como ocurre con el salmón, existen obstáculos, cansancio y momentos en los que sería más sencillo rendirse y dejarse llevar.
Pero existe una razón para perseverar. La Biblia nos enseña que no fuimos creados solo para existir. Fuimos creados con un propósito. “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás” (Efesios 2:10, NTV).
Tú no eres un accidente. Tu vida no es producto del azar. Dios preparó un propósito para ti incluso antes de tu nacimiento. Y muchas veces ese propósito exigirá decisiones que van en dirección opuesta a la corriente de este mundo.
Jesús también dijo: “Solo se puede entrar en el reino de Dios a través de la puerta angosta. La carretera al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino” (Mateo 7:13, NTV). El camino más fácil no siempre es el camino correcto.
El salmón enfrenta la corriente porque existe algo mayor delante de él. De la misma manera, nosotros seguimos a Cristo porque sabemos que existe algo más grande que los placeres pasajeros de esta vida. Existe un Reino eterno. Existe una misión. Existe un llamado.
Fuiste creado para un propósito, no simplemente para existir.
Oración: Señor, ayúdame a no vivir simplemente siguiendo la corriente de este mundo. Dame valentía para permanecer fiel a Tu llamado, aun cuando eso exija renuncia, perseverancia y obediencia. Que nunca olvide que fui creado por Ti y para Ti, y que mi vida tenga significado al cumplir el propósito que Tú preparaste para mí. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás”. (Efesios 2:10, NTV)
![]()





Quer receber devocionais diarias no seu celular?