El engañoso poder de este mundo

En Jueces, capítulo 4, encontramos una de esas historias bíblicas con un giro tan sorprendente que parece una novela o una película de ficción. Eran tiempos de opresión sobre Israel por parte de Jabín, rey de Canaán, cuyo poderoso ejército estaba comandado por un hombre llamado Sísara, temido por poseer 900 carros de guerra.

Débora, profetisa y jueza de Israel, llama a Barac y le transmite una orden de parte de Dios: reunir diez mil hombres de las tribus de Neftalí y Zabulón y enfrentar a Sísara. Barac acepta, pero condiciona su partida a la presencia de Débora. Ella accede, pero anuncia que “el honor de la victoria sería entregado a una mujer”. Y, al leer el texto, inicialmente pensamos que la mujer a la que Débora se refería era ella misma. Pero no era así.

El relato bíblico en Jueces 4 cuenta que Dios confunde al ejército de Sísara, que abandona sus 900 carros de hierro y huye a pie. Sísara llega a la tienda de Jael, mujer de Heber, el quenita, cuya familia mantenía la paz con Jabín. Jael lo recibe diciendo: “Entra, señor mío, entra en mi tienda; no tengas miedo” (Jueces 4:18 | NTV). Jael le ofrece leche y lo cubre con una manta. Cuando él se queda dormido, ella toma una estaca y lo mata. Así, por medio de una mujer, Dios libera a Israel de Sísara y comienza a quebrar el dominio de Jabín.

Esta historia contiene una maravillosa ironía. Sísara, un poderoso guerrero, experimentado en batallas y dueño de 900 carros de guerra, termina huyendo de la batalla a pie, escondiéndose detrás de una mujer y siendo muerto por ella.

Esta historia revela que ni todo el poder militar de una nación puede impedir aquello que Dios ya ha determinado. Por eso, el salmista declaró: “Algunos confían en sus carros de guerra y otros en sus caballos, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios.” (Salmos 20:7 | NTV).

Vivimos tiempos en los que cada vez más las personas confían en sus propios recursos, en su trabajo, patrimonio y poder. Olvidan, o simplemente ignoran, que basta una palabra de parte del Señor para que todo aquello en lo que fundamentan su confianza pueda desaparecer. Incluso el dueño de 900 carros de guerra puede terminar huyendo a pie, escondiéndose detrás de una mujer y siendo muerto por ella.

El poder de este mundo es engañoso. Es una ilusión. Es una mentira. Aquello que hoy parece indestructible puede desaparecer mañana. Nuestra seguridad no puede estar en aquello que poseemos, en el cargo que ocupamos, en el dinero que acumulamos o en la fuerza que creemos tener, porque todas esas cosas son temporales. La Palabra nos recuerda: “La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen.” (Salmos 24:1 | NTV).

Por eso, lo único que podemos hacer es, cada mañana, agradecer a Dios por la renovación de Su gracia y misericordia sobre nosotros y volver a poner en Él nuestra confianza. Quien confía en el poder de este mundo puede terminar huyendo a pie; quien confía en el Señor permanece de pie aun cuando todo el poder a su alrededor se derrumba.

Oración: Señor, líbrame de la ilusión de confiar en las cosas de este mundo. Enséñame a poner mi seguridad, esperanza y confianza solamente en Ti. Amén.

Versículo del día: “Algunos confían en sus carros de guerra y otros en sus caballos, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios.” (Salmos 20:7 | NTV)

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