“Follow the money”

La expresión “Follow the money”, que significa “sigue el dinero”, se hizo mundialmente conocida a partir del escándalo Watergate, en Estados Unidos, durante la década de 1970, y hasta hoy es utilizada por investigadores en diferentes partes del mundo. La idea es sencilla: seguir el flujo del dinero para descubrir intereses, responsabilidades y, principalmente, quién realmente se beneficia de determinada situación. El concepto se utiliza en el periodismo de investigación, la política, los negocios y los análisis financieros como una manera de ir más allá de los discursos y las apariencias: ¿quién paga, quién recibe, quién gana y por qué? En muchas investigaciones, comprender la motivación financiera ayuda a revelar aquello que estaba oculto.
La Palabra de Dios ya presentaba, hace mucho tiempo, una verdad relacionada con este principio. Pablo escribió al joven Timoteo: “Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal” (1 Timoteo 6:10 – NTV). Pablo no está diciendo que el dinero en sí mismo sea malo, sino que el amor al dinero puede conducir al ser humano por caminos perversos. Cuando el dinero deja de ser una herramienta y pasa a ocupar el lugar de un objetivo mayor, puede convertirse en un poderoso señor.
Jesús también enseñó: “Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón” (Mateo 6:21 – NTV). Esta afirmación revela algo profundo sobre la relación entre aquello que valoramos y aquello que gobierna nuestro corazón. Si queremos descubrir qué ocupa realmente el centro de la vida de una persona, quizá sea suficiente observar dónde coloca sus recursos, su tiempo, su energía y sus mayores esfuerzos.
Todos los días, los noticieros presentan historias que parecen confirmar aquello que la Biblia ya enseñaba. En Pernambuco, Brasil, en 2025, una joven de 19 años habría contratado a unos delincuentes y permitido que entraran en su casa para matar a su propio padre, de 60 años, con el objetivo de quedarse con la herencia. En Goiás, también en Brasil, en un caso de naturaleza inversa, un padre de 59 años habría ordenado matar a su propio hijo, de 26 años, para quedarse con una casa que pertenecía al joven como herencia de su madre fallecida. Historias como estas muestran hasta dónde puede llegar el corazón humano cuando el deseo de poseer supera los límites de la conciencia, del amor y del temor de Dios.
Jesús dejó una advertencia que todos debemos tomar en serio: “¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen” (Lucas 12:15 – NTV). La avaricia es peligrosa precisamente porque puede comenzar de una manera aparentemente inofensiva. El problema no está simplemente en querer prosperar, trabajar o adquirir bienes, sino en permitir que aquello que poseemos determine quiénes somos y lo que estamos dispuestos a hacer para conseguir todavía más.
Eclesiastés 5:10 presenta una verdad igualmente importante: “Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad!” (NTV). Cuanto más encuentra el corazón su seguridad en aquello que posee, más necesita poseer para sentirse seguro. La búsqueda nunca termina, porque el dinero puede comprar muchas cosas, pero jamás consigue satisfacer completamente el alma.
Por eso, antes de preguntar cuánto tenemos, necesitamos preguntar dónde está nuestro tesoro. Antes de buscar acumular riquezas en esta tierra, necesitamos aprender a acumular aquello que posee valor eterno. Jesús nos enseñó: “No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. Almacena tus tesoros en el cielo…” (Mateo 6:19-20 – NTV).
Tal vez sea necesario hacer hoy nuestro propio “follow the money”, no para investigar a otra persona, sino para investigar nuestro propio corazón. Si seguimos el camino de nuestros recursos, descubriremos dónde está nuestro tesoro. Y si descubrimos dónde está nuestro tesoro, probablemente descubriremos también dónde está nuestro corazón. Que el dinero sea siempre un instrumento en nuestras manos y jamás un señor sobre nuestras vidas. Antes de amar el dinero, necesitamos amar el Reino de Dios, porque solamente aquello que invertimos en el Reino posee un valor que trasciende los límites de esta vida.
Oración: Señor, líbrame de la avaricia y del amor al dinero. Enséñame a utilizar lo que tengo para honrarte, servir al prójimo e invertir en Tu Reino. Que mi tesoro esté en el cielo y que mi corazón te pertenezca completamente. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.” (Mateo 6:21 – NTLA)
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