Las tormentas del matrimonio

Sucedió en Filipinas, el 22 de julio de 2025. Jade Rick Verdillo y Jamaica Aguilar llevaban diez años juntos y habían planeado cuidadosamente el día de su boda. Sin embargo, las fuertes lluvias provocadas por el tifón Wipha inundaron la histórica iglesia de Barasoain, en Malolos, en la provincia de Bulacán. A pesar de que el agua les llegaba hasta las rodillas y los bancos estaban parcialmente sumergidos, la pareja decidió no posponer la ceremonia. Jamaica caminó por el pasillo con su vestido blanco flotando sobre el agua, mientras Jade la esperaba frente al altar. Familiares y amigos también enfrentaron la inundación para ser testigos de la boda. Para la pareja, aquella situación inesperada terminó convirtiéndose en un símbolo de los desafíos que enfrentarían juntos. “Llevamos diez años juntos. Este es simplemente otro de los desafíos que hemos superado”, dijo Jade.
Esta pintoresca historia de la vida real me recuerda que un matrimonio no está hecho solamente de días soleados. También existen días nublados, de lluvia y de tormentas. El matrimonio cristiano no es una promesa de que nunca habrá tormentas, sino una alianza de que no enfrentaremos las tormentas solos: “Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarlo a levantarse.” — Eclesiastés 4:9-10.
Es fácil prometer “en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza” cuando todo está bien. La verdadera alianza se revela cuando llegan las aguas, cuando las circunstancias cambian y cuando aquello que habíamos planeado ya no sucede como imaginábamos.
Pero en Dios tenemos una promesa: “Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo.” — Isaías 43:2. Y, porque sé que el Señor estará conmigo, puedo seguir avanzando.
La escena de Jamaica caminando hacia el altar con el agua hasta las rodillas me impacta. La iglesia estaba inundada y los bancos estaban parcialmente sumergidos. Ella podría haber mirado aquella situación y pensado: “Hoy no se puede.” Pero siguió caminando.
¿Cuántas veces hacemos lo mismo en la vida? Cuando el camino se vuelve difícil, interpretamos la dificultad como una señal de que debemos detenernos. Pero algunas promesas de Dios requieren que sigamos caminando incluso cuando el camino ya no se parece a aquello que habíamos imaginado.
Pablo nos enseña: “Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos.” — 2 Corintios 5:7. El camino puede estar inundado, pero eso no significa que Dios haya cambiado el destino.
Las circunstancias pueden cambiar, pero una verdadera alianza no depende de circunstancias favorables. De la misma manera, la fe no significa ausencia de aguas; significa seguir caminando incluso cuando las aguas suben.
En el matrimonio, habrá momentos en los que uno de los dos necesitará ayudar al otro a mantenerse en pie. Habrá días en los que será necesario caminar juntos por aguas que ninguno de los dos esperaba encontrar. Y es precisamente en esos momentos cuando la alianza deja de ser solamente una promesa hecha en un día de celebración y pasa a ser vivida en las decisiones de cada día.
Finalmente, un matrimonio no se trata de encontrar a alguien que evite todas las tormentas, sino de encontrar a alguien con quien estés dispuesto a atravesarlas. Y, sobre todo, se trata de caminar sabiendo que, en las aguas profundas, Dios continúa presente.
Oración: Señor, ayúdanos a permanecer firmes cuando lleguen las tormentas. Enséñanos a cuidarnos el uno al otro, a caminar juntos por fe y a confiar en que, aun cuando las aguas suban, tu presencia continuará con nosotros. Amén.
Versículo del día: “Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán.” — Isaías 43:2 | NTV
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