¿Tienes una Biblia?

¿Tienes una Biblia? No estoy preguntando si alguna vez has leído la Biblia, si tienes una aplicación de la Biblia en tu teléfono o si conoces algunos versículos de memoria. Estoy preguntando algo mucho más sencillo: ¿tienes una Biblia? ¿Una Biblia que sea tuya?

Hay algo especial en tener una Biblia en las manos. No solamente una Biblia nueva, bonita e impecable, sino aquella Biblia que ya te ha acompañado durante algún tiempo. Aquella cuyas páginas comienzan a ponerse amarillas, cuyas hojas muestran señales de uso y cuyas palabras están subrayadas, marcadas y circuladas. Una Biblia que, cuando la abres, revela los textos que más han hablado a tu corazón.

Tal vez haya una página doblada. Quizás una palabra esté resaltada. Tal vez existan anotaciones hechas hace años, cuando atravesabas una situación que hoy ya ni siquiera recuerdas con claridad. Y quién sabe, quizá hasta haya una pequeña mancha de café en alguna página. Y, curiosamente, esa mancha no disminuye el valor de la Biblia. Cuenta una historia.

Una Biblia usada es casi como un diario de nuestra caminata con Dios. Sus páginas pueden llevar las lágrimas derramadas en momentos difíciles, palabras leídas antes de tomar una decisión importante, promesas encontradas en días de miedo y oraciones hechas en silencio mientras los ojos recorrían cada línea.

La Biblia puede convertirse en una compañera de viaje. Puede estar en la mesa de noche, en la mochila, en el bolso o dentro de una maleta. Puede acompañarte en un avión, en un viaje en automóvil o en una sencilla mañana de domingo. Puede estar presente en los días en que recibes una buena noticia y también en aquellos en los que parece que todo salió mal.

Porque hay días en los que necesitamos algo más que respuestas. Necesitamos un lugar donde descansar.

Y la Palabra de Dios puede ser ese lugar. Cuando el corazón está cansado, cuando la ansiedad aprieta, cuando no sabemos qué hacer o cuando simplemente desaparecen las palabras, podemos abrir la Biblia y encontrar allí una verdad que no depende de las circunstancias. La Biblia no cambia lo que sucedió, pero puede cambiar la manera en que atravesamos aquello que sucedió.

Jesús dijo: “Las Escrituras dicen: ‘La gente no vive solo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios’”. Mateo 4:4 | NTV

Existe un hambre que ningún alimento puede satisfacer. Existe una sed que ninguna agua de este mundo puede saciar. Es el hambre y la sed del alma.

Y quizá una de las razones por las que tantas personas viven espiritualmente cansadas, vacías y desorientadas sea porque intentan alimentar el alma con muchas cosas, pero pasan días, semanas e incluso meses sin alimentarse de la Palabra de Dios.

Una vida que no se alimenta de la Palabra comienza, poco a poco, a sentir los efectos de esa ausencia. Falta fuerza para enfrentar determinadas luchas, falta dirección para tomar decisiones, falta esperanza ante las dificultades y discernimiento para distinguir aquello que viene de Dios de aquello que simplemente parece bueno a nuestros ojos.

No porque Dios haya dejado de hablar, sino porque muchas veces nosotros dejamos de escuchar.

Por eso, tener una Biblia no debería significar simplemente poseer un libro. Debería significar tener un lugar al cual volver cada día.

Ten una Biblia. Ten una Biblia que puedas llamar tuya. Una Biblia que puedas llevar en tus viajes, abrir en las mañanas tranquilas y buscar en las noches difíciles. Una Biblia que pueda quedar marcada por el uso, por las lágrimas, por las anotaciones y, si es el caso, incluso por una pequeña mancha de café.

No tengas miedo de desgastarla. Es mejor una Biblia desgastada por el uso que una Biblia impecable olvidada en una estantería.

Léela. Márcala. Subraya. Vuelve a los mismos textos. Memoriza aquellos que hablen a tu corazón. Llévala contigo. Deja que sus páginas formen parte de tu historia.

Porque un día, cuando mires aquella Biblia llena de marcas, quizá te des cuenta de que no fueron solamente las páginas las que cambiaron. Tú también cambiaste.

Oración: Señor, estoy agradecido por tu Palabra y por todo lo que ella representa para mí. Gracias por mi Biblia y por todo lo que ya he podido vivir con ella y con tu Espíritu Santo. Amén.

Versículo del día: “Las Escrituras dicen: ‘La gente no vive solo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios’”. Mateo 4:4 | NTV

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