La muerte y la vida están en poder de la lengua

Sucedió en Estados Unidos, en octubre de 2026. Isabela Casahuga-Lemgruber, una brasileña de 19 años conocida en las redes sociales como Pamper Baby, provocó una gran polémica al recitar un poema burlándose del asesinato de Charlie Kirk, ocurrido en septiembre de 2025. Durante una presentación en un evento de la organización conservadora Turning Point USA, hizo una parodia navideña titulada “Kirkiversary”, en la que ironizaba sobre el disparo que acabó con la vida del activista y hacía comentarios sobre la seguridad de los participantes.
El video se volvió viral y provocó una ola de críticas, pedidos de expulsión de la universidad e incluso de deportación. La repercusión también alcanzó a sus padres, quienes supuestamente sufrieron consecuencias profesionales y vieron cómo sus nombres eran retirados de las páginas de las empresas donde trabajaban. Fotos, direcciones y datos personales de sus familiares fueron publicados en las redes sociales, y la familia comenzó a recibir amenazas. Tras la intensa reacción, Isabela publicó una disculpa dirigida a la familia de Kirk y a las personas ofendidas, pero la repercusión ya había alcanzado proporciones difíciles de controlar.
Esta historia ilustra muy bien cómo las palabras pueden producir consecuencias que no somos capaces de controlar. Cada palabra que sale de nuestra boca deja de estar bajo nuestro dominio. Una vez pronunciada y lanzada al mundo, puede llegar a personas que nunca imaginamos, provocar reacciones inesperadas y producir consecuencias grandes o pequeñas, agradables o lamentables.
La Biblia va aún más lejos al declarar: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (Proverbios 18:21 | RVR1960)
La Palabra de Dios nos enseña que debemos asumir la responsabilidad por lo que decimos. No podemos tratar nuestras palabras como si fueran inofensivas, incluso cuando afirmamos que fueron pronunciadas en tono de broma. Una broma puede humillar, una crítica puede destruir la autoestima de alguien, una acusación puede comprometer una reputación y una ofensa puede dejar heridas profundas.
Las palabras pueden pronunciarse en pocos segundos, pero sus consecuencias pueden acompañar a alguien durante años. Y el hecho de que no hayamos planeado determinado resultado no significa que estemos libres de responsabilidad por lo que dijimos.
Por eso, Pablo dio esta orientación a la iglesia de Colosas: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” (Colosenses 4:6 | RVR1960)
La orientación bíblica va más allá de simplemente evitar las ofensas. Somos llamados a utilizar nuestras palabras para edificar, animar, aconsejar y transmitir la verdad con sabiduría. No se trata de estar de acuerdo con todo ni de dejar de confrontar el error, sino de comprender que incluso la verdad necesita comunicarse con responsabilidad.
Pedro también nos presenta una valiosa orientación: “No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño.” (1 Pedro 3:9-10 | RVR1960)
El propio salmista comprendió la importancia de este cuidado y transformó ese deseo en oración: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmos 19:14 | RVR1960)
Observa que no pidió solamente que sus palabras fueran agradables, sino también que lo fuera la meditación de su corazón. Al fin y al cabo, nuestras palabras suelen ser el reflejo de aquello que cultivamos en nuestro interior.
Que podamos pensar antes de hablar, evaluar antes de publicar y reflexionar antes de convertir un pensamiento en palabras. Después de todo, no basta con preguntarnos si tenemos libertad para decir algo; también necesitamos preguntarnos si lo que vamos a decir es verdadero, necesario y edificante.
Una palabra puede tardar segundos en salir de nuestra boca, pero quizá una vida entera no sea suficiente para reparar el daño que puede causar. Por eso, antes de hablar, recuerda: la lengua tiene el poder de producir vida, pero también puede esparcir la muerte.
Oración: Señor, guarda mi boca y examina mi corazón. Enséñame a utilizar mis palabras para edificar, transmitir la verdad con amor y nunca herir a alguien por falta de sabiduría. Amén.
Versículo del día: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” (Mateo 12:36-37 | RVR1960)
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