Examinando a un falso profeta

En 1 Juan 4:1 encontramos un importante llamado a la Iglesia para que esté atenta a los falsos profetas: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1 | RVR1960).

Somos llamados a examinar los espíritus para saber si proceden de Dios. Por eso, necesitamos estar atentos a hombres y mujeres que se autoproclaman profetas y apóstoles, pero cuyas revelaciones y profecías no se cumplen.

Recientemente, un conocido apóstol y profeta hondureño, que dirige un gran ministerio en Miami y cuya influencia alcanza a miles de cristianos en nuestro continente, publicó en su canal de YouTube un video en el que ungía y profetizaba que Flávio Bolsonaro sería el próximo presidente de Brasil. Sin embargo, después de conocerse los resultados de las elecciones brasileñas, en las que Flávio Bolsonaro perdió las elecciones frente a Luiz Inácio Lula da Silva, este supuesto profeta retiró inmediatamente el video original y publicó una nueva versión editada, en la que había eliminado precisamente el fragmento inconveniente, evitando que su falsa profecía siguiera expuesta.

Entonces, me pregunto: ¿será que Dios se equivoca? ¿Será que Dios trae una revelación que más tarde no se confirma?

La Biblia presenta la verdad y la fidelidad como características de la propia naturaleza de Dios. En el Antiguo Testamento encontramos la siguiente declaración: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19 | RVR1960). En el Nuevo Testamento también leemos acerca de la esperanza de la vida eterna, prometida por el “Dios que no miente” (Tito 1:2 | NVI).

Por lo tanto, Dios no puede transmitir una revelación falsa, hacer una promesa equivocada ni anunciar como verdad algo que no lo es.

Por otro lado, sabemos que muchos hombres presentan los deseos de su propio corazón como si fueran revelaciones divinas. El profeta Jeremías trae una advertencia muy seria al respecto: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová” (Jeremías 23:16 | RVR1960).

Y, finalmente, en Deuteronomio encontramos una orientación clara sobre cómo evaluar una profecía que no se cumple: “Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él” (Deuteronomio 18:21-22 | RVR1960).

El principio es bastante claro: cuando alguien declara categóricamente que ha recibido de Dios una revelación acerca de algo que sucederá, y esa palabra no se cumple, no podemos simplemente justificar el error. No podemos decir que Dios cambió de opinión, que la persona no tuvo suficiente fe o que alguna circunstancia impidió el cumplimiento de aquello que Dios supuestamente había anunciado. Una declaración presentada como palabra cierta e incondicional del Señor, pero que no se cumple, no provino de Dios.

Si alguien afirma categóricamente: “Dios me reveló que esto sucederá”, pero el acontecimiento no se confirma, necesitamos reconocer que esa persona habló por cuenta propia, presentando como revelación divina algo que Dios no dijo. Esto puede suceder por una intención de engañar o porque alguien cree equivocadamente que sus propios pensamientos y deseos son un mensaje de Dios.

Por eso, la Iglesia no puede abandonar el discernimiento ante discursos que parecen espirituales, incluso cuando son presentados por personas famosas, influyentes o que ocupan posiciones de liderazgo. El nombre de Dios no debe utilizarse para dar autoridad a los deseos, las opiniones o las ambiciones humanas.

El hecho de que alguien hable en nombre de Dios no significa que Dios esté hablando por medio de esa persona.

Oración: Señor, dame discernimiento para reconocer la verdad y valor para rechazar el engaño. Que nunca confunda la voz de los hombres con tu Palabra. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Examinadlo todo; retened lo bueno”. — 1 Tesalonicenses 5:21 | RVR1960

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