La fe que sale del garaje

Sucedió en Alemania, el 5 de agosto de 1888. Bertha Benz, esposa del ingeniero Karl Benz, pasó a la historia al realizar el primer viaje de larga distancia en automóvil. Acompañada por sus dos hijos, recorrió aproximadamente 100 kilómetros entre Mannheim y Pforzheim, conduciendo un vehículo de tres ruedas desarrollado por su esposo. El viaje fue una verdadera aventura: como no había estaciones de servicio, tuvo que comprar ligroína en una farmacia. También resolvió problemas mecánicos durante el recorrido, utilizando, entre otras cosas, una horquilla para desobstruir una tubería y una liga de su ropa para reparar un cable eléctrico. Después de unas 13 horas, llegó a su destino, demostrando que el automóvil podía utilizarse en viajes reales. Su iniciativa ayudó a comprobar la viabilidad de la invención de Karl Benz y contribuyó al desarrollo de la industria automotriz.
Esta historia me hace recordar las palabras que encontramos en la Biblia, en el libro de Santiago: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17 | RVR1960)
Karl Benz había construido un automóvil, pero fue Bertha quien puso a prueba la viabilidad de aquella invención y demostró que podía ir mucho más allá de un experimento dentro de un taller. Puso el vehículo en la carretera, enfrentó dificultades y demostró su utilidad. Al fin y al cabo, una invención guardada en el garaje puede despertar admiración, pero es cuando sale a la carretera que demuestra para qué fue creada.
En la vida cristiana, podemos conocer muchas verdades bíblicas, escuchar predicaciones, estudiar la Palabra e incluso hablar de fe. Pero existe una diferencia entre conocer lo que Dios dice y poner en práctica lo que hemos aprendido. La fe verdadera no se limita al conocimiento o a las palabras; se manifiesta en nuestras decisiones, actitudes y relaciones. La fe necesita salir del “garaje” y comenzar su recorrido por la vida.
Y hay algo que con frecuencia nos impide dar ese paso: esperar las condiciones perfectas. Queremos tener todas las respuestas, eliminar todos los riesgos y asegurarnos de que nada saldrá mal antes de comenzar. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.” (Eclesiastés 11:4 | RVR1960)
Intenta imaginar el viaje de Bertha. No existían estaciones de servicio, asistencia técnica ni una infraestructura preparada para recibir automóviles. Ni siquiera había carreteras como las que conocemos hoy. Aun así, inició el viaje y encontró soluciones para los problemas que surgieron en el camino. No esperó a que todas las condiciones fueran favorables para comenzar.
Esto también nos enseña algo sobre el caminar cristiano. La fe no significa ausencia de dificultades, sino confianza en Dios incluso cuando no conocemos todos los detalles del camino. Como leemos en Hebreos: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1 | RVR1960)
Esta reflexión es una invitación: no esperes a que desaparezcan todos los obstáculos para comenzar a caminar. Pon en práctica lo que Dios ya te ha enseñado, utiliza los recursos que tienes en tus manos y confía en que Él estará presente durante todo el recorrido.
Tal vez todavía no tengas todas las condiciones para llegar a tu destino, pero no permitas que la falta de condiciones te impida dar el primer paso. La fe que nunca sale del garaje puede ser admirada, pero solo la fe puesta en práctica transforma nuestra manera de vivir.
Oración: Señor, ayúdame a transformar mi fe en acciones. Dame valor para obedecer tu Palabra y confianza para seguir adelante, incluso frente a las dificultades. Amén.
Versículo del día: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1:22 | RVR1960)
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