Olvidando lo más importante

Aconteció en Cássia dos Coqueiros, São Paulo, Brasil, el 13 de junio de 2026. La joven Maria Eduarda Rodrigues de Freitas, de 21 años, participaba en una actividad de rope jump en una cantera desactivada cuando fue lanzada desde una plataforma de aproximadamente 40 metros de altura sin estar conectada a la cuerda de seguridad. Según las investigaciones, los instructores y responsables de la actividad simplemente olvidaron sujetar la cuerda a la joven antes del salto. La tragedia quedó registrada en video. Maria Eduarda sufrió heridas gravísimas y murió en el lugar.

Lo que hace esta historia aún más impactante es que prácticamente todo estaba presente. Había una plataforma preparada, un equipo responsable, equipos disponibles, planificación y expectativa para la actividad. Pero faltaba justamente aquello que era esencial: la cuerda que sostendría la vida de la joven.

Y todo lo demás pierde importancia cuando se olvida lo más importante.

Esta tragedia nos lleva a una importante reflexión espiritual. Muchas veces hacemos exactamente lo mismo en nuestra vida con Dios. Cuidamos muchos detalles secundarios, pero descuidamos aquello que realmente sostiene nuestro caminar.

Podemos estar ocupados con el trabajo, los estudios, los proyectos, los ministerios e incluso con actividades religiosas, y aun así olvidar lo esencial. Es posible tener una agenda llena y un alma vacía. Es posible estar rodeados de compromisos y, al mismo tiempo, estar lejos de la presencia de Dios.

Fue exactamente esto lo que Jesús enseñó en la casa de Marta y María. Mientras Marta estaba preocupada por muchas tareas, Jesús le dijo: “Solo una cosa es necesaria. María ha descubierto el tesoro, y nadie se lo quitará” (Lucas 10:42, NTV).

Jesús no condenó el servicio de Marta. El problema era la inversión de prioridades. Ella estaba tan ocupada con cosas importantes que terminó descuidando aquello que era más importante.

Ese peligro sigue existiendo en nuestros días. Podemos cuidar las finanzas y olvidarnos de la familia. Podemos cuidar la apariencia y descuidar el carácter. Podemos invertir en bienes materiales y abandonar la vida de oración. Podemos trabajar para Dios y, paradójicamente, dejar de estar con Dios.

No sirve de nada tenerlo todo si falta aquello que realmente sostiene.

Jesús afirmó en Juan 15:5: “Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada” (Juan 15:5, NTV). La comunión con Cristo no es un detalle de la vida cristiana. Es la fuente misma de la vida.

Tal vez sea tiempo de hacernos una pregunta sincera: ¿Qué he estado priorizando? ¿Estoy invirtiendo mis energías solo en las cosas urgentes o también en aquello que es esencial?

Porque, al final, una vida espiritualmente saludable no se construye por la cantidad de cosas que hacemos, sino por la presencia de Aquel que nos sostiene.

Oración: Señor, ayúdame a no perder de vista aquello que realmente importa. Líbrame de una vida ocupada, pero distante de Tu presencia. Enséñame a ponerte en primer lugar y a no permitir que las preocupaciones de esta vida me hagan descuidar aquello que sostiene mi alma. Que nunca olvide que sin Ti nada puedo hacer. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Solo una cosa es necesaria. María ha descubierto el tesoro, y nadie se lo quitará”. (Lucas 10:42, NTV)

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