Somos administradores, no propietarios

Ocurrió en Múnich, Alemania, y en Bosnia y Herzegovina, en 2025. Un tiktoker decidió investigar el destino de la ropa y los objetos donados a instituciones de caridad. Para ello, colocó un rastreador dentro de un par de zapatillas deportivas y las depositó en un contenedor de donaciones de la Cruz Roja en Múnich. Días después, descubrió que las zapatillas habían recorrido más de 800 kilómetros y estaban siendo vendidas por 10 euros en una tienda de segunda mano en Bosnia. Al conversar con el vendedor, escuchó que la propietaria de la tienda vivía en Alemania.
Una situación como esta ciertamente provoca indignación. Algo que fue donado para beneficiar a personas necesitadas estaba siendo comercializado en otro país, generando ganancias para alguien que se apropió de un recurso que no le pertenecía.
Pero, mientras condenamos fácilmente esa actitud, tal vez sea importante hacernos una pregunta más profunda: ¿Acaso nosotros no hacemos algo parecido con aquello que Dios nos ha confiado? La Biblia enseña que todo lo que poseemos pertenece, en última instancia, al Señor: nuestra vida pertenece a Dios, nuestra salud pertenece a Dios, nuestra familia pertenece a Dios, nuestro dinero pertenece a Dios, nuestros talentos pertenecen a Dios, nuestro tiempo pertenece a Dios. Absolutamente todo lo que tenemos nos fue dado por Él.
David reconoció esta verdad cuando declaró: “Todo proviene de ti, y solo te damos lo que primero tú nos diste” (1 Crónicas 29:14, NTV). Somos administradores, no propietarios. Y eso cambia completamente la manera en que vemos la vida. Cuando olvidamos esta verdad, comenzamos a usar para beneficio propio aquello que Dios nos entregó para servir a los demás y glorificar Su nombre.
A veces transformamos talentos en instrumentos de orgullo, recursos en egoísmo, influencia en beneficio personal, tiempo en desperdicio o ministerios en plataformas para nuestra propia exaltación.
Jesús contó varias parábolas sobre siervos que recibieron responsabilidades y que, después, tuvieron que rendir cuentas a su señor. Porque toda mayordomía implica responsabilidad.
Pablo escribió: “Ahora bien, una persona que recibe el cargo de administrador debe ser fiel” (1 Corintios 4:2, NTV). Dios no está buscando administradores brillantes. Está buscando administradores fieles. Un día, cada uno de nosotros rendirá cuentas. No solamente por aquello que hicimos mal, sino también por lo que hicimos con todo lo que recibimos.
Por eso Pablo afirma: “Cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas de sí mismo a Dios” (Romanos 14:12, NTV). Esta verdad no debe producir miedo, sino responsabilidad. Porque nada es nuestro y nunca lo fue. Todo pertenece al Señor.
Mis hermanos y hermanas, la vida cristiana es, por encima de todo, una vida de mayordomía. Administramos recursos que pertenecen al Rey. Y administramos hoy aquello sobre lo cual rendiremos cuentas mañana.
Oración: Señor, ayúdame a nunca olvidar que todo lo que tengo proviene de Tus manos. Líbrame del egoísmo, del orgullo y de la ilusión de pensar que soy propietario de aquello que solamente administro. Enséñame a usar mi tiempo, mis recursos, mis talentos y mi influencia para Tu gloria y para el bien de las personas. Que el día en que esté delante de Ti, sea hallado fiel. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas de sí mismo a Dios.” (Romanos 14:12, NTV)
![]()





Quer receber devocionais diarias no seu celular?