Por el consejo o por el dolor

Una antigua fábula persa cuenta que un joven caballo se negaba a aceptar las orientaciones del viejo caballo del establo. Orgulloso, decía que conocía el camino mejor que todos los demás. Una mañana, rompió las cercas y salió galopando solo. Ignoró los llamados de los otros animales y siguió un atajo que parecía más rápido. Pocas horas después, cayó en un pantano del que no pudo salir. Cuando finalmente fue rescatado, exhausto y cubierto de lodo, el viejo caballo solo le dijo una frase: “Quien no acepta ser guiado por el consejo, terminará siendo guiado por el dolor”.

Esta pequeña fábula describe un ciclo que se repite con frecuencia en la vida humana. La rebeldía primero rechaza la voz de la sabiduría y, después, termina aprendiendo por medio de las consecuencias.

Desde el principio, Dios decidió revelarse y guiar al hombre por medio de Su Palabra, del Espíritu Santo y también a través de personas más maduras en la fe. Sin embargo, nuestro orgullo frecuentemente nos hace creer que sabemos más, que no necesitamos consejo y que podemos seguir nuestro propio camino.

Eso fue exactamente lo que ocurrió con el pueblo de Israel en diversas ocasiones. Por medio del profeta Jeremías, Dios declaró: “Pero no oyeron ni inclinaron su oído, sino que caminaron en sus propios consejos y en la dureza de su malvado corazón; fueron hacia atrás y no hacia adelante.” (Jeremías 7:24 – ARA)

El problema de la rebeldía es que casi siempre se disfraza de independencia. El rebelde rara vez se considera rebelde. Simplemente cree que sabe lo que está haciendo. Rechaza consejos, ignora advertencias y desprecia la experiencia de quienes vinieron antes. Solo más tarde, cuando aparecen las consecuencias, descubre que aquello que llamaba libertad era, en realidad, orgullo.

El libro de Proverbios nos deja una advertencia muy fuerte: “El hombre que, reprendido muchas veces, endurece la cerviz, de repente será quebrantado y no habrá para él remedio.” (Proverbios 29:1 – ARA)

Dios prefiere enseñarnos por medio de Su Palabra. Somos nosotros quienes frecuentemente insistimos en aprender por medio del dolor.

Tal vez una de las mayores demostraciones de madurez espiritual sea desarrollar un corazón enseñable. Un corazón dispuesto a escuchar, a recibir corrección y a reconocer que no posee todas las respuestas.

La verdad es que todos seremos guiados de alguna manera. Podemos ser guiados por la sabiduría de las Escrituras, por los consejos de personas piadosas y por la dirección del Espíritu Santo. O podemos ser guiados por las consecuencias de nuestras propias decisiones.

Aprender por medio del dolor es posible. Pero aprender por medio del consejo puede ser mucho mejor.

Oración: Señor, líbrame del orgullo y de la autosuficiencia. Dame un corazón enseñable, dispuesto a escuchar Tu voz y a recibir corrección. Que no tenga que aprender solamente por medio del dolor, sino que Tu Palabra sea suficiente para dirigir mis pasos. Ayúdame a reconocer los consejos que vienen de Ti y a caminar en humildad delante del Señor. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “El hombre que, reprendido muchas veces, endurece la cerviz, de repente será quebrantado y no habrá para él remedio.” (Proverbios 29:1 – ARA)

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