Creados para la gloria de Dios

En Juan 9 encontramos uno de los diálogos más sorprendentes de los Evangelios. Al ver a un hombre ciego de nacimiento, los discípulos inmediatamente buscaron una explicación para el sufrimiento de aquel hombre: “Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. «Rabí, ¿por qué nació ciego este hombre? —le preguntaron sus discípulos—. ¿Fue por sus propios pecados o por los de sus padres?». «No fue por sus pecados ni tampoco por los de sus padres —contestó Jesús—. Nació ciego para que todos pudieran ver el poder de Dios en él» (Juan 9:1-3, NTV).
Más adelante, ante la enfermedad de Lázaro, Jesús hace otra declaración igualmente profunda: “La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. No, sucedió para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios reciba gloria a través de esto” (Juan 11:4, NTV).
Al leer estos textos, alguien podría concluir que solo las enfermedades y los sufrimientos existen para la gloria de Dios. Pero la verdad revelada en las Escrituras es mucho mayor que eso. Todo y todos fuimos creados para la gloria de Dios.
Por medio del profeta Isaías, el Señor declaró: “Traigan a todos los que me reconocen como su Dios, porque yo los he creado para mi gloria. Fui yo quien los formé” (Isaías 43:6-7, NTV). El propósito más grande de la existencia humana no es la fama, el éxito, la comodidad o la realización personal. Nuestro propósito supremo es glorificar a Aquel que nos creó.
Tal vez esta sea una de las verdades más olvidadas de nuestra generación. Vivimos en una cultura que enseña que todo gira alrededor del hombre: sus sueños, sus deseos, su felicidad y sus proyectos. Pero la Biblia nos presenta una realidad completamente diferente. El centro de la historia no somos nosotros. El centro es Dios.
El apóstol Pablo escribió: “Pues todas las cosas provienen de él, existen por su poder y son para su gloria. ¡A él sea toda la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:36, NTV). Todas las cosas existen por medio de Él y para Él. Incluidos nosotros. Eso significa que nuestros dones existen para Su gloria. Nuestra familia existe para Su gloria. Nuestro trabajo existe para Su gloria. Nuestras victorias existen para Su gloria. E incluso los sufrimientos, cuando son puestos en las manos del Señor, pueden convertirse en instrumentos para manifestar Su gloria.
Pablo lleva esta verdad hasta las cosas más simples de la vida: “Así que, sea que coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31, NTV). Todo. No solo los cultos. No solo las oraciones. No solo el ministerio. Todo. Una comida puede glorificar a Dios. Una conversación puede glorificar a Dios. El trabajo diario puede glorificar a Dios. La manera en que tratamos a nuestra familia puede glorificar a Dios.
La pregunta que debería acompañar nuestra vida no es solamente: “¿Qué quiero hacer?”, sino: “¿Esto glorifica a Dios?”
En el libro de Apocalipsis, los seres celestiales proclaman: “Tú eres digno, oh Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y existen porque tú las creaste según tu voluntad” (Apocalipsis 4:11, NTV). Existimos porque Dios quiso. Respiramos porque Dios quiso. Fuimos creados porque Dios quiso. Y fuimos creados para Su gloria. Cuando comprendemos esta verdad, la vida adquiere sentido. Porque dejamos de vivir para nosotros mismos y comenzamos a vivir para Aquel que es digno de toda honra, gloria y alabanza.
Al final de cuentas, la gran pregunta de la vida no es: “¿Qué quiero hacer con mi vida?” La pregunta es: “¿Cómo puedo glorificar a Dios con la vida que Él me dio?”
Oración: Señor, ayúdame a nunca olvidar que fui creado para Tu gloria. Líbrame de una vida centrada en mí mismo y enséñame a vivir para exaltar Tu nombre. Que mis pensamientos, palabras, decisiones y actitudes apunten hacia Ti. Que en tiempos de alegría o de dolor, de abundancia o de escasez, mi vida continúe proclamando que Tú eres digno de toda honra y toda gloria. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Pues todas las cosas provienen de él, existen por su poder y son para su gloria. ¡A él sea toda la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11:36, NTV)
![]()





Quer receber devocionais diarias no seu celular?