Apresúrate a obedecer los mandatos de Dios

Serie: Los fundamentos de una vida bien vivida!
Escrita por Mario Velandia – El camino para la Sanidad

“Me apresuraré sin demora a obedecer tus mandatos”.

Salmo 119:60 (NTV)

Ayer hablamos sobre lo que significa “caminar en el Espíritu de Dios”. A veces, el Espíritu de Dios te dice que te muevas lentamente. Otras veces debes actuar con rapidez. Hoy vamos a hablar sobre los dos momentos en los que debes moverte rápidamente.

Primero, debes moverte rápidamente cuando Dios te dice que hagas algo. La Biblia está llena de instrucciones para la vida. La Biblia los llama mandamientos y Dios quiere que los obedezcamos.

Los padres a menudo dan instrucciones a sus hijos. Si el niño responde: “Lo pensaré”, el niño está desobedeciendo.

Lo mismo es cierto para Dios y para nosotros. Cuando Dios nos dice que hagamos algo, Él espera que nosotros lo obedezcamos rápidamente. En Marcos 1:17-18, Jesús les dice a dos pescadores: “Vengan, síganme”. Les estaba pidiendo que dejaran su trabajo. Eso era un gran problema. ¿Su respuesta? “En seguida dejaron las redes y lo siguieron”.

Cuando Dios te pide que hagas algo, lo haces de inmediato. El Salmo 119:60 dice: “Me apresuraré sin demora a obedecer tus mandatos”.  Cuando se trata de obediencia, apurarse es algo bueno.

Segundo, debes moverte rápidamente cuando necesitas pedir u ofrecer perdón. El aferrarse a la culpa o al resentimiento es como un veneno para beber. Te puede comer vivo. Jesús lo dice así en Mateo 5:23-24: “Si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda”.  

Ni siquiera tu adoración a Dios es razón suficiente para retrasar el perdón o pedir perdón. Si algo no está bien entre tú y otra persona, ahora es el momento de hacerlo bien.

Cuando Dios te diga que hagas algo o cuando necesites reconciliarte con alguien, no te demores, es el momento de moverte rápidamente.

Reflexiona sobre esto:

¿Qué te ha dicho Dios que hagas que necesitas hacer hoy?
¿A qué persona necesitas perdonar?
¿De quién es el perdón que necesitas buscar?

RECUERDA: ¡ERES UNA BENDICIÓN!

Devocional escrita por Mario Velandia

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