Cuando el valor atrae ataques

La pintura de la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci, es probablemente la obra de arte más famosa del mundo. Y, debido a su fama, también se ha convertido en blanco de diversos ataques mientras permanece expuesta en el Museo del Louvre, en París. En 1956, un visitante lanzó ácido contra la obra y, meses después, otro le arrojó una piedra que la dañó. En 1974, una mujer intentó rociarla con pintura roja. En 2009, una turista lanzó una taza de cerámica. Más recientemente, activistas arrojaron pastel (2022) y sopa (2024) contra el vidrio blindado que la protege.

Sin embargo, la mayoría de las personas que atacan la Mona Lisa no intentan destruir la pintura en sí. En la mayoría de los casos, el ataque a la obra se utiliza para llamar la atención sobre alguna causa, protesta o frustración personal. Algunas motivaciones comunes incluyen la búsqueda de notoriedad, el activismo político o ambiental, desequilibrios emocionales o psicológicos, o la rebeldía contra símbolos de poder y élite. Algunos quizás simplemente desean pasar a la historia.

Si entendemos esto, podemos percibir una verdad importante: cuanto más valioso es algo, más se convierte en objeto no solo de admiración, sino también de envidia, resentimiento y ataques.

Esto aparece repetidamente en la Palabra de Dios. José fue vendido por sus propios hermanos porque era objeto del favor de su padre. David comenzó a ser perseguido por Saúl después de que su éxito se hiciera evidente delante de Israel. Jesús fue entregado para ser crucificado porque sus opositores no soportaban su influencia sobre las multitudes. La Biblia incluso afirma que Pilato percibió que los líderes religiosos lo habían entregado por envidia.

El mismo valor que atrae admiración muchas veces despierta hostilidad en quienes no pueden soportar verlo.

Y esto también ocurre en la vida cristiana. Cuando Cristo comienza a hacerse visible en nosotros, inevitablemente surgen ataques. No siempre porque hayamos hecho algo malo. Muchas veces, simplemente porque la luz incomoda a quienes prefieren permanecer en las tinieblas.

Jesús advirtió a sus discípulos sobre esto: “Si el mundo los odia, recuerden que a mí me odió primero” (Juan 15:18, NTV).

Muchos cristianos comienzan a cuestionar su caminar cuando enfrentan críticas, oposición o rechazo. Pero la verdad es que la presencia de esos ataques no siempre indica que estamos fuera de la voluntad de Dios. En algunos casos, puede significar exactamente lo contrario.

José fue atacado porque tenía un llamado. David fue atacado porque llevaba una unción. Jesús fue atacado porque era la Verdad misma.

El apóstol Pablo también escribió: “De hecho, todos los que quieran vivir una vida de sumisión a Dios en Cristo Jesús sufrirán persecución” (2 Timoteo 3:12, NTV). Esto no significa buscar conflictos ni actuar con arrogancia. Significa entender que una vida que refleja a Cristo inevitablemente producirá diferentes reacciones en las personas. Algunas serán atraídas por la luz. Otras intentarán apagarla.

Pero nuestra misión no es evitar los ataques. Nuestra misión es permanecer fieles.

La Mona Lisa sigue siendo admirada siglos después de los ataques que ha sufrido. De la misma manera, el brillo de Cristo en una vida no debe apagarse por las críticas, el rechazo o la persecución.

Cuanto más visible se hace Cristo en nosotros, menos debemos preocuparnos por la aprobación de los hombres y más debemos preocuparnos por agradar al Señor.

Oración: Señor, ayúdame a permanecer firme cuando enfrente críticas, oposición o rechazo a causa de mi fe. Que nunca esconda la luz que Tú has puesto en mi vida por temor a la opinión de los demás. Dame valentía para reflejar a Cristo en todo momento, con humildad, amor y fidelidad. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Si el mundo los odia, recuerden que a mí me odió primero.” (Juan 15:18, NTV)

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