“¿Y si no?”

En Daniel, capítulo 3, encontramos uno de los relatos de fe más impresionantes de la Biblia. Sadrac, Mesac y Abednego están delante de Nabucodonosor porque se negaron a postrarse ante una estatua, una orden dada por el propio rey Nabucodonosor. Esta orden estaba acompañada de un castigo: quien se negara a postrarse ante la estatua debía ser arrojado a un horno ardiente. Pero el rey Nabucodonosor decide darles a los tres una última oportunidad, y esto lo encontramos en Daniel 3:15. La respuesta de ellos fue impactante: “No necesitamos defendernos ante usted. Si somos arrojados al horno en llamas, el Dios a quien servimos puede salvarnos. Él nos rescatará de su poder, Su Majestad.” (Daniel 3:16-17 | NTV)

Sadrac, Mesac y Abednego manifiestan una fe que supera ampliamente la realidad que tenían delante de sus ojos. Un rey enfurecido, un horno ardiente, soldados por todas partes. Pero ellos declaran su fe en un Dios invisible y afirman que ese Dios invisible podía librarlos de las manos del rey.

Sin embargo, este texto es todavía más extraordinario por lo que sigue en el versículo 18. El versículo 18 contiene una declaración fundamental. Pero, ¿y “si no”? ¿Y si Dios decide no salvarlos? ¿Y si Dios, en toda Su soberanía, decide que no los librará del horno y ellos terminan ardiendo en él? “Pero aun si no lo hace, Su Majestad puede estar seguro de que jamás serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado.” (Daniel 3:18 | NTV)

Algo extraordinario que aprendo de estos tres hombres es que la fe tiene mucho más que ver con la manera en que actuamos frente al problema que con la forma en que Dios responde o responderá. Mi fe no condiciona la acción de Dios. Mi fe considera el “y si no”. Mi fe no pone a Dios contra la pared ni lo obliga a tomar determinada decisión.

Al mismo tiempo, aprendo de ellos que puedo tener fe y mantenerme firme con valentía frente al problema, incluso cuando todavía siento temor ante la posibilidad de que Dios no responda como espero.

Esta misma verdad la encontramos en diferentes pasajes de la Palabra de Dios. Job, en su momento más difícil, declaró: “Dios podría matarme, pero es mi única esperanza; presentaré mi defensa ante él.” (Job 13:15 | NTV). Job sabía que el Señor podía levantarlo nuevamente, pero nunca dejó de esperar en Él, aun cuando no podía ver Su actuar.

Habacuc también declaró que “Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides; aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no produzcan alimento; aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, aun así me alegraré en el Señor. ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación!” (Habacuc 3:17-18 | NTV). La alegría de Habacuc en el Señor no dependía de los frutos de la higuera ni de los graneros llenos. Nuestra fe tampoco debe estar condicionada por la abundancia.

Finalmente, el salmista también declaró que “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad. Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos y las montañas se derrumben en el mar.” (Salmos 46:1-2 | NTV). De la misma manera, el salmista sabía que su fe en el Creador podía no impedir que la tierra temblara o que las montañas terminaran cayendo en medio del mar.

Quiero tener una fe que actúe con la convicción de que Dios puede librarme de cualquier situación, pero sin olvidarme del “y si no”. Dios es soberano y puede hacer o permitir lo que Él quiera, y mi fe no cambia por causa de ello.

La verdadera fe no solamente dice “Dios puede”; también dice “aunque no lo haga, continuaré confiando en Él”.

Oración: Señor, dame una fe que confíe en Ti no solamente cuando respondes como espero, sino también cuando Tu silencio o Tu respuesta sean diferentes de mis deseos. Que nunca deje de confiar en Tu soberanía. Amén.

Versículo del día: “Pero aun si no lo hace, Su Majestad puede estar seguro de que jamás serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado.” (Daniel 3:18 | NTV)

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