La mejor parte

Era el final de la tarde. El humo de la plancha se elevaba mientras un vendedor de perros calientes atendía a los últimos clientes del día. Entonces, un hombre en situación de calle, con la ropa gastada y el rostro cansado, se acercó tímidamente.
—Señor, ¿sería tan amable de regalarme un perro caliente? Tengo mucha hambre.
El vendedor lo miró con desconfianza.
—No. Si te doy uno, dentro de poco aparecerán más personas pidiendo.
El hombre bajó la cabeza y comenzó a alejarse. Pero, unos segundos después, el corazón del vendedor se conmovió.
—¡Eh! ¡Vuelve!
El hombre regresó.
—¿Cómo quieres el perro caliente?
Una discreta sonrisa apareció en su rostro.
—Completo. Con todo lo que tenga.
El vendedor abrió el pan, puso una salchicha bien caliente, agregó kétchup, mostaza, mayonesa, arvejas, maíz, papas fritas trituradas y todos los ingredientes que solía ofrecer a sus clientes. Preparó un perro caliente abundante y se lo entregó.
—Toma. Que Dios te bendiga.
—¡Muchas gracias! Que Dios también lo bendiga a usted.
El hombre caminó unos treinta metros y se sentó en la acera. El vendedor, satisfecho por haber hecho una buena acción, siguió observándolo desde lejos.
Entonces presenció una escena inesperada.
El hombre abrió el pan, sacó cuidadosamente la salchicha y la colocó delante de un perro flaco que lo acompañaba en silencio. El animal movió la cola y devoró la salchicha con alegría. Solo después de eso el hombre comenzó a comer el pan con los demás ingredientes.
Indignado, el vendedor gritó:
—¿Pero qué es esto? ¡Yo preparé un perro caliente completo para ti! ¡Nunca más te volveré a regalar uno! ¡Nunca más!
El hombre levantó la mirada, acarició al perro y respondió con serenidad:
—Amigo mío… al mejor amigo de uno siempre se le da la mejor parte.

Esa respuesta nos lleva a una pregunta inevitable: ¿quién recibe la mejor parte de nuestra vida?

Damos la mejor parte de nuestro tiempo al trabajo. La mejor parte de nuestras energías a nuestros proyectos. La mejor parte de nuestros pensamientos a las preocupaciones de esta vida. Muchas veces, ofrecemos a Dios únicamente lo que sobra de nuestro día, de nuestra atención y de nuestro corazón.

Sin embargo, Jesús no desea solamente una parte de nuestra vida. Él desea nuestro corazón.

Cuando un maestro de la ley le preguntó cuál era el mandamiento más importante, Jesús respondió: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” (Marcos 12:30, NTV).

Dios nunca pidió el segundo lugar. Siempre pidió el primero. Eso fue lo que María comprendió cuando se sentó a los pies de Jesús para escucharlo. Mientras Marta estaba ocupada con muchas tareas, Jesús declaró: “Solo una cosa es necesaria. María ha descubierto cuál es, y nadie se la quitará.” (Lucas 10:42, NTV).

La mejor parte nunca ha sido un alimento, un regalo o un bien material. La mejor parte siempre ha sido un corazón completamente rendido al Señor.

Si Jesús es realmente nuestro mejor amigo, entonces tiene sentido ofrecerle lo más valioso que tenemos. No solo algunos minutos del día, sino nuestras decisiones. No solo algunas palabras de oración, sino nuestra confianza. No solo asistir a la iglesia, sino una vida rendida a Su voluntad.

Porque el mayor regalo que podemos poner en las manos de Dios no es nuestro dinero, nuestros talentos o nuestros logros. Es nuestro corazón.

Oración: Señor Jesús, gracias porque Tú eres el mejor amigo que alguien puede tener. Tú entregaste Tu propia vida por mí sin reservas. Hoy quiero responder a Tu amor entregándote también la mejor parte de mi vida. Recibe mi corazón, mis pensamientos, mis sueños y mis decisiones. Que siempre ocupes el primer lugar en mi vida. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” (Marcos 12:30, NTV)

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