¿Quién merece un mayor reconocimiento?

Un predicador de la palabra. 1 Timoteo 5:17

Si pensas que el Titanic fue el naufragio más grande de la historia, déjame decirte que es solo el séptimo en la lista, si consideramos la cantidad de víctimas fatales. El Titanic, de pronto, es solo el más famoso de ellos.

El naufragio más grande de todos los tiempos tuvo lugar el 30 de enero de 1945. El crucero MV Wilhelm Gustloff fue torpedeado por un submarino ruso y naufragó, matando a 9300 de las 10,500 personas a bordo. Bajo el mando del soviético Alexander Marinesko, se dispararon 4 torpedos contra el barco, y 3 de ellos golpearon la embarcación. Vale la pena mencionar que Marinesko luego sería premiado por hundir el Wilhelm Gustloff y también otro barco, el Steuben, el 10 de febrero del mismo año.

En el mundo podemos ser recompensados ​​por cosas así. El mundo es capaz de reconocer atrocidades como esta, como un gran mérito. Pero tal vez tú y yo hacemos lo mismo sin darnos cuenta.

Me parece interesante cada vez que veo criticas a un pastor cuando compra un carro del año, pero nunca he visto a nadie escandalizado por el dueño de una fábrica de cigarrillos que viaja en su carro importado. Finalmente, “el dueño de la fábrica de cigarrillos es un hombre de negocios exitoso y merece todos los lujos“, es lo que pensamos. “El pastor es un siervo de Dios y debe renunciar a todo“, es también lo que pensamos. Sin embargo, mientras uno dedica su vida a salvar almas, el otro se beneficia de la muerte de miles de personas cada año. En nuestra mente, sin embargo, creemos que solo uno de ellos merece una recompensa aquí en la tierra. ¿No es cierto eso?

Concluyo con las preguntas: ¿qué trabajo debería tener más reconocimiento? ¿Un pastor que salva almas o un marinero que hunde barcos enemigos? O el fabricante de cigarrillos? Solo quiero que pienses en ello.

Oración: Señor, quiero abandonar prejuicios que tengo en mi mente, quiero aprender a valorar lo que realmente es importante. Amén!

Versículo base: Los ancianos que dirigen bien los asuntos de la iglesia son dignos de doble honor, especialmente los que dedican sus esfuerzos a la predicación y a la enseñanza. Pues la Escritura dice: “No le pongas bozal al buey que trilla”, y “El trabajador merece que se le pague su salario”. (NVI) 1 Timoteo 5: 17-18

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