El día en que nada tenía sentido

Después de la muerte de Jesús, todo parecía haber llegado a su fin. Su cuerpo fue envuelto en una sábana limpia y colocado en un sepulcro nuevo. Una gran piedra fue rodada a la entrada, y guardias fueron puestos allí para vigilar (Mateo 27:59–66). A los ojos humanos, la historia había terminado.

Para los discípulos, aquel sábado fue un día de silencio, miedo y confusión. Habían dejado todo para seguir a Jesús. Vieron milagros, escucharon promesas, creyeron que Él era el Mesías. Pero ahora, estaba muerto. Las expectativas se rompieron. Las promesas parecían interrumpidas. Lo que antes tenía sentido, ahora parecía un error.

Este es el tipo de día que nadie quiere vivir: cuando Dios parece estar en silencio.

El salmista expresó exactamente ese sentimiento al decir: “Oh Señor, ¿hasta cuándo te olvidarás de mí? ¿Será para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?” (Salmos 13:1, NTV). Esa pregunta resuena en el corazón de todo aquel que ha vivido un “sábado espiritual” — momentos en los que no hay respuesta, no hay dirección clara y todo parece detenido.

Los discípulos no lo sabían, pero mientras el cielo parecía en silencio, Dios seguía obrando. La cruz no fue el final, fue parte del plan. El sepulcro no era derrota, era transición. Lo que parecía interrupción era, en realidad, cumplimiento.

Y aquí entra una verdad que sostiene la fe: Dios no depende de nuestra comprensión para actuar.

Muchas veces queremos entender antes de confiar. Queremos ver movimiento antes de descansar. Pero la fe verdadera permanece incluso cuando no hay explicación. Como dice la Palabra: “El Señor es bueno con quienes dependen de él, con aquellos que lo buscan. Así que es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.” (Lamentaciones 3:25–26, NTV).

El sábado fue silencioso, pero no fue vacío. Fue el intervalo entre el dolor y el milagro.

Todos pasamos por estos “sábados” en la vida espiritual: oraciones sin respuesta, promesas que parecen detenidas, situaciones que no tienen sentido. Momentos en los que parece que Dios no está haciendo nada.

Pero Él sí está.

Aunque no lo veamos, Dios está alineando, preparando, sosteniendo y cumpliendo Sus propósitos. El silencio de Dios nunca es ausencia — es obra invisible.

El mensaje es claro: el hecho de que no entiendas no significa que Dios no esté actuando.

El domingo siempre llega.

Oração: Señor, ayúdame a confiar en Ti incluso cuando no entiendo lo que está sucediendo. En los días en que todo parece confuso y silencioso, fortalece mi fe para seguir esperando. Enséñame a descansar en Tu tiempo y a creer que Tú estás obrando, aun cuando no lo vea. En el nombre de Jesús, amén.

Versiculo del dia: “El Señor es bueno con quienes dependen de él, con aquellos que lo buscan.” (Lamentaciones 3:25, NTV)

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