Una pequeña mentira

Sucedió en Mato Grosso do Sul, Brasil. Una trabajadora embarazada fue despedida por justa causa después de presentar a la empresa un certificado médico que había sido alterado de uno a tres días de incapacidad. La trabajadora intentó revertir el despido, alegando, entre otros argumentos, la estabilidad laboral temporal garantizada a las mujeres embarazadas. Sin embargo, durante el proceso quedó demostrado que el documento había sido adulterado: el certificado original concedía solamente un día de incapacidad, pero posteriormente pasó a indicar tres. El caso llamó la atención porque la trabajadora estaba embarazada, pero la protección a la maternidad no la hace inmune a un despido motivado por una falta grave debidamente comprobada. Al final, no fueron los dos días añadidos al certificado los que determinaron el despido, sino el fraude y la ruptura de la confianza. Un documento aparentemente pequeño puede tener una consecuencia enorme: un día puede convertirse en tres sobre el papel, pero, ante la verdad, esa diferencia puede costar el propio empleo.

Al leer esta noticia, imaginé que, muy posiblemente, aquella trabajadora pensó que se trataba de una pequeña mentira, algo que más tarde, contaría a sus amigas mientras tomaban algo y que solamente se iban a reír juntas. O quizá pensó que la doctora se había equivocado y que ella necesitaba tres días de reposo y no solamente uno. Sea como fuere, esa pequeña mentira se convirtió en un gran problema.

Cuando acudimos a la Palabra de Dios, encontramos una verdad que es ignorada por todos aquellos que hacen uso constante de las “pequeñas mentiras”. Ella dice: “Si son fieles en las cosas pequeñas, serán fieles en las grandes; pero si son deshonestos en las cosas pequeñas, no serán honestos en las grandes.” (Lucas 16:10 | NTV). La gran verdad es que, aun cuando una pequeña mentira “prospera” y no es descubierta, nuestro Dios lo sabe y también entiende que no somos dignos de administrar mayores recursos o responsabilidades.

Una característica importante de la mentira también es esta, y quedó evidenciada en la historia de hoy: ofrece una pequeña ventaja inmediata, pero esconde un alto costo más adelante. Dos días de descanso: ese fue el beneficio. Un despido por justa causa: ese fue el precio. Si hiciéramos un cálculo matemático, es posible que el costo económico haya sido 500 veces mayor que el beneficio de aquellos días de descanso.

La Palabra de Dios, sin embargo, va mucho más allá. Ella dice que nuestro perjuicio por el pecado no es solamente financiero. Dice que “la paga que deja el pecado es la muerte” (Romanos 6:23 | NTV). Y, hasta donde sé, la mentira es y siempre será pecado. Proverbios también nos revela que “las palabras veraces resisten la prueba del tiempo, pero las mentiras pronto quedan al descubierto” (Proverbios 12:19 | NTV). O, como dice el conocido refrán: “la mentira tiene patas cortas”.

Esta reflexión es una invitación a escoger la verdad y nunca la mentira. No existe una mentira pequeña; existe la mentira. Y, aun para quien piensa que una mentira puede ser pequeña, es importante recordar que el tamaño de la mentira no determina el tamaño de sus consecuencias. Finalmente, el pecado nunca presenta la factura antes de que tengas que pagarla.

Oración: Señor, líbrame de las pequeñas mentiras. No quiero ser alguien que recurre a la mentira para obtener pequeños beneficios momentáneos. Grande es el costo que se paga por la mentira, y ese costo ya fue pagado por Cristo en la cruz. Por eso, que en mí exista solamente la verdad. Amén.

Versículo del día: “Nada me produce más alegría que saber que mis hijos practican la verdad.” (3 Juan 1:4 | NTV)

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