El veneno que respiramos sin darnos cuenta

Esta triste y lamentable historia ocurrió en San Andrés, Colombia, el 11 de julio de 2025. Una familia de Bogotá —el padre, la madre y su hijo de apenas 4 años— fue encontrada muerta en la habitación de un hotel donde pasaba sus vacaciones. La investigación señaló que los tres murieron por anoxia provocada por intoxicación con fosfina, un gas extremadamente tóxico. El día anterior se había realizado una fumigación en la habitación inmediatamente contigua a la de la familia, y las autoridades investigaron la posibilidad de que el gas se hubiera filtrado hacia la habitación donde se encontraba la familia. Posteriormente, surgieron informaciones de que la sustancia utilizada en la fumigación podría haber sido fosfina, empleada de manera irregular y sin las medidas de seguridad necesarias. Un hecho lamentable que tuvo gran repercusión en el país.

Al ver un documental sobre esta historia, me quedé pensando en cómo el veneno puede ser discreto y silencioso. Aquella familia pasó toda una noche respirando veneno sin saberlo. No tengo ninguna duda de que cualquiera de los adultos que estaban allí, si hubiera tenido la más mínima sospecha de que estaban siendo envenenados, habría salido corriendo de aquella habitación. Su envenenamiento fue lento y silencioso, duró toda una noche, pero fue suficiente para que, por la mañana, estuvieran muertos.

Pienso que, en la vida espiritual, también podemos convivir con “venenos” que no percibimos: resentimiento, envidia, orgullo, amargura, mentira, avaricia o pecado. El peligro de algunos venenos es precisamente este: no nos damos cuenta de que nos están contaminando. Y no es raro que alguien se justifique a sí mismo respecto de estos sentimientos negativos con frases como “tú no sabes por lo que he pasado” o “la culpa es del otro”.

Cuando acudimos a la Palabra de Dios, sin embargo, encontramos esta preciosa verdad sobre la vida: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.” (Proverbios 4:23 | NTV). Nuestro corazón es algo que debemos guardar, cuidar y proteger para que no sea contaminado.

Ningún ser humano está libre del veneno de la ira, la amargura, la envidia o el orgullo. Y, así como no todo veneno tiene olor, no todo pecado parece peligroso al principio. Por eso es fundamental revisar constantemente lo que hay en nuestro corazón y cuáles son los sentimientos que estamos alimentando.

La Biblia nos enseña que no hay ninguna ley contra el fruto del Espíritu, que es: “amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio” (Gálatas 5:22-23 | NTV). Cuando la Palabra nos dice que no hay ley contra estas cosas, el Señor realmente nos está diciendo que es imposible ser castigado por amar demasiado, por ser demasiado humilde, demasiado bondadoso o demasiado paciente. Pero el odio, la ira, la envidia y el orgullo son sentimientos que pueden matar. Son venenos que respiramos, a veces, sin darnos cuenta.

Algunos venenos no entran de una sola vez. Guardamos una herida, después otra, y otra más, hasta que aquello que comenzó como una ofensa termina contaminando nuestras relaciones, pensamientos y decisiones. La amargura no destruye solamente a quien nos hizo daño; muchas veces comienza destruyendo a quien la lleva dentro. Por eso, el autor de Hebreos nos advierte: “Asegúrense de que nadie deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, porque muchas personas se corromperán por ella.” (Hebreos 12:15 | NTV).

La invitación de hoy es a acercarnos a nuestro Señor y entregarle toda la ira que podamos sentir hacia alguien que nos ha hecho daño. Entregarle toda la amargura acumulada durante años por momentos en los que fuimos heridos o defraudados. Ir delante del Señor y derramar nuestro corazón, entregándole toda falta de perdón, envidia u orgullo que nos domina.

Oración: Señor, examina mi corazón. Identifica todo el veneno que pueda existir en él. Ayúdame, Señor, a perdonar y a no dejarme contaminar por sentimientos que no provienen de Ti. Amén.

Versículo del día: “Asegúrense de que nadie deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, porque muchas personas se corromperán por ella.” (Hebreos 12:15 | NTV)

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