Mensajero de Satanás

En Mateo 16:23 encontramos una de las frases más confrontantes de Jesús, dirigida a uno de sus principales discípulos: “Jesús se dirigió a Pedro y le dijo: ‘¡Aléjate de mí, Satanás! Eres una piedra de tropiezo para mí. Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no desde el de Dios’.” (Mateo 16:23, NTV).
Este episodio nos deja una importante lección: incluso una persona bien intencionada puede llegar a ser utilizada por el enemigo.
Pedro era un hombre que amaba a Jesús. En su corazón tenía el deseo sincero de seguirlo, aprender de Él y caminar a su lado. Sin embargo, en aquel momento permitió que el enemigo hablara por medio de sus palabras. No hubo mala intención de parte de Pedro. Lo que hubo fue falta de entendimiento.
A lo largo de mi vida cristiana, he visto a muchos hombres y mujeres bien intencionados dejarse usar por el enemigo. Y una de las armas que Satanás utiliza con mayor frecuencia es la religiosidad.
La religiosidad impone reglas que el Señor nunca impuso, que la Biblia no establece, pero que interpretaciones equivocadas de personas, muchas veces sinceras, terminan siendo predicadas como si fueran verdades de parte de Dios.
Jesús criticó duramente esa actitud en los fariseos, pues “aplastan a la gente bajo el peso de exigencias religiosas insoportables y nunca mueven un dedo para aligerar la carga.” (Mateo 23:4, NTV). Aún hoy, algunos pastores y líderes imponen normas relacionadas con la forma de vestir, la alimentación o determinados comportamientos, cuando la propia Biblia pone mucho más énfasis en el corazón que en las apariencias.
El Señor declara por medio del profeta Jeremías: “Yo, el Señor, examino todos los corazones y pongo a prueba las intenciones secretas. Les doy a todas las personas la debida recompensa, según lo merecen sus acciones.” (Jeremías 17:10, NTV). No es la ropa, por sí sola, lo que importa, sino la intención con la que se usa. No es simplemente lo que alguien come o bebe, sino lo que hay en su corazón mientras lo hace.
Siempre que alguien me pregunta acerca de la ropa, los tatuajes, los piercings, los estilos de música, el largo o el color del cabello, recuerdo la enorme responsabilidad que implica afirmar: “A Dios le gusta esto, pero aquello no”. También recuerdo que lo que realmente importa es lo que hay en el corazón y la intención con la que hacemos cualquier cosa.
Que ni usted ni yo seamos mensajeros de Satanás, enseñando lo que Dios nunca enseñó, afirmando que Dios piensa o desea algo que Él jamás dijo. Que nunca seamos nosotros quienes decidamos qué es lo que a Dios “le gusta” o “no le gusta”.
Recuerde que la religiosidad se ocupa principalmente de la apariencia; el Evangelio se ocupa de la transformación del corazón.
Oración: Señor, líbrame de la religiosidad y de poner sobre las personas cargas que Tú nunca pusiste. Dame un corazón humilde para comprender Tu Palabra y discernimiento para distinguir Tus mandamientos de las tradiciones humanas. Que nunca hable en Tu nombre aquello que Tú no has dicho, sino que mi vida refleje la gracia, la verdad y el amor de Cristo. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Yo, el Señor, examino todos los corazones y pongo a prueba las intenciones secretas. Les doy a todas las personas la debida recompensa, según lo merecen sus acciones.” (Jeremías 17:10, NTV)
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