El poder de una decisión

Ocurrió en Erie, Pensilvania, Estados Unidos, en 2023. El joven Carson Briere, de 23 años, hijo del exjugador de la NHL Daniel Briere y jugador universitario de hockey, apareció en un video de seguridad empujando por unas escaleras la silla de ruedas de una estudiante llamada Sidney Benes, quien había perdido ambas piernas en un accidente de tránsito y había dejado su silla en la entrada de un bar mientras iba al baño, con la ayuda de un guardia de seguridad. La silla, adaptada a sus necesidades, quedó completamente destruida. Las imágenes se hicieron virales rápidamente, Carson fue identificado y terminó siendo expulsado del equipo de hockey de la universidad. Mientras tanto, una campaña en internet reunió los recursos suficientes para comprar una nueva silla de ruedas para Sidney. El caso se convirtió en un ejemplo de cómo una decisión irresponsable tomada en pocos segundos puede destruir años de reputación y comprometer un futuro prometedor.

Hay decisiones que toman apenas unos segundos, pero cuyas consecuencias pueden permanecer durante muchos años.

Carson probablemente nunca imaginó que aquel acto impulsivo cambiaría su vida. Bastaron unos pocos segundos para destruir una silla de ruedas, pero también para comprometer su reputación, su carrera deportiva y la confianza que muchas personas habían depositado en él.

Esta historia nos recuerda que nuestras decisiones nunca terminan en el momento en que las tomamos. Cada elección inicia una cadena de consecuencias que, muchas veces, va mucho más allá de lo que somos capaces de ver.

La Biblia expresa este principio de manera muy clara: “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra.” (Gálatas 6:7, NTV). La siembra ocurre en un instante. La cosecha puede durar toda una vida.

Así sucede con una palabra dicha sin pensar. Con una mentira aparentemente pequeña. Con una decisión impulsiva. Con un momento de falta de dominio propio. Muchas veces creemos que estamos decidiendo solo sobre el presente, cuando en realidad estamos influyendo en nuestro futuro y en el futuro de otras personas.

Por eso, el libro de Proverbios nos enseña repetidamente el valor de la prudencia. El sabio no es quien nunca toma decisiones, sino quien aprende a reflexionar antes de actuar y a considerar las consecuencias de sus actos.

¿Cuántos arrepentimientos podrían evitarse si antes de cada decisión nos preguntáramos: “¿Esto glorifica a Dios? ¿Qué frutos producirá esta decisión mañana?”

La buena noticia es que este mismo principio también se aplica para el bien. Una decisión de perdonar puede restaurar una familia. Una decisión de obedecer a Dios puede transformar una generación. Una decisión de permanecer fiel puede producir frutos eternos.

Cada día Dios pone delante de nosotros pequeñas decisiones. Parecen insignificantes en el momento, pero son ellas las que forman el carácter, definen el destino y moldean la historia de una vida.

El tiempo de la decisión es breve. El tiempo de las consecuencias puede ser muy largo. Por eso, pide siempre sabiduría al Señor antes de decidir.

Oración: Señor, concédeme sabiduría para tomar decisiones que honren Tu nombre. Líbrame de la impulsividad, del orgullo y de la falta de prudencia. Enséñame a pensar en las consecuencias de mis actos y a escoger siempre aquello que produce vida, paz y justicia. Que cada decisión de mi vida refleje Tu voluntad y no simplemente mis impulsos. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra.” (Gálatas 6:7, NTV)

Loading

Compartilhe:

Adicionar um Comentário

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *