El Padre que nunca se rindió

Ocurrió en China, entre 1997 y 2021. El agricultor Guo Gangtang sufrió el secuestro de su hijo de apenas dos años en 1997 por una red de tráfico de menores. Negándose a rendirse, recorrió el país durante 24 años, viajando en motocicleta más de 500 mil kilómetros y llevando banderas con la fotografía del niño. A lo largo de esa incansable búsqueda, Guo no solo buscó a su propio hijo, sino que también ayudó a siete familias a reencontrarse con sus hijos desaparecidos. En 2021, gracias a pruebas de ADN y al trabajo de la policía, finalmente encontró a su hijo, quien había sido vendido ilegalmente a otra familia cuando era niño. Su historia conmovió a toda China y se convirtió en un símbolo de perseverancia, esperanza y del amor de un padre que nunca dejó de buscar.
Al leer esta historia, no pude evitar pensar en una verdad aún más profunda. Durante veinticuatro años, aquel hijo vivió su vida sin imaginar que, en algún lugar de China, había un padre que jamás dejó de buscarlo. Mientras crecía en otra familia, estudiaba, hacía amigos y construía su propia historia, alguien lo buscaba incansablemente. Él no lo sabía, pero era profundamente amado.
Esta historia nos ayuda a comprender algo acerca del corazón de Dios.
Antes de conocer a Cristo, todos nosotros estábamos perdidos. Vivíamos siguiendo nuestros propios caminos, ocupados con nuestros proyectos, nuestros pecados y nuestros intereses, muchas veces sin siquiera pensar en Dios. Y aun así, el Padre nunca dejó de buscarnos.
Fue Jesús quien declaró: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos.” (Lucas 19:10, NTV). Observa que Jesús no dijo que vino a esperar a los perdidos. Él vino a buscarlos.
Esa siempre ha sido la iniciativa de Dios. Desde el Edén, cuando Adán y Eva pecaron y se escondieron, fue el propio Señor quien salió a su encuentro preguntando: “¿Dónde estás?” (Génesis 3:9, NTV). Aquella pregunta no revelaba falta de información, sino el corazón de un Padre que sale al encuentro de Sus hijos.
Así también ocurrió con nosotros. Mucho antes de que hiciéramos una oración, mucho antes de abrir una Biblia o entrar en una iglesia, Dios ya estaba obrando para alcanzarnos.
El apóstol Juan resume esta verdad con una sola frase: “Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.” (1 Juan 4:19, NTV). Nuestra búsqueda de Dios no es más que una respuesta al hecho de que Él nos buscó primero.
Tal vez hoy pienses que fuiste tú quien decidió acercarse al Señor. Pero, al mirar hacia atrás, podrás reconocer cuántas circunstancias, personas, libramientos y oportunidades Dios utilizó para conducirte hasta Su presencia. Mientras tú seguías tu camino sin darte cuenta, el Padre ya estaba preparando el camino para el reencuentro.
Esta es una de las mayores demostraciones de la gracia. Dios no esperó a que fuéramos dignos de ser encontrados. Nos buscó cuando todavía estábamos perdidos.
Así como Guo Gangtang jamás dejó de buscar a su hijo, nuestro Padre celestial nunca dejó de buscarnos. La diferencia es que Dios no recorrió quinientos mil kilómetros en motocicleta. Él envió a Su propio Hijo para encontrarnos y abrir el camino de regreso al hogar.
Oración: Señor, gracias porque nunca te rendiste conmigo. Aun cuando vivía lejos de Tus caminos, Tú ya estabas obrando para alcanzarme. Gracias porque mi salvación comenzó en Tu amor y no en mis méritos. Ayúdame a vivir cada día consciente de esa gracia y a anunciar a otros que todavía hay un Padre buscando a Sus hijos. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.” (1 Juan 4:19, NTV)
![]()





Quer receber devocionais diarias no seu celular?