Puerta cerrada

Shark Tank es un programa de televisión donde los emprendedores presentan sus proyectos a grandes inversionistas, llamados “tiburones”. Ir allí es el sueño de muchos pequeños y medianos empresarios: una oportunidad para transformar su negocio y cambiar su vida.

En noviembre de 2013, Jamie Siminoff subió al escenario del programa con una idea innovadora: un timbre inteligente, equipado con cámara y conexión al celular. Pero, para su frustración, el proyecto fue rechazado por casi todos los inversionistas. La única oferta que recibió fue mucho menor de lo que esperaba, y decidió rechazarla.

Para muchos, eso habría sido el final de la historia. Pero no para Siminoff. Cinco años después, en 2018, la empresa que había sido rechazada en Shark Tank —ahora llamada Ring— fue comprada por Amazon por mil millones de dólares. Y ese mismo año, Jamie Siminoff regresó al programa… pero no como participante. Volvió como uno de los “tiburones”.

Esa historia es un recordatorio poderoso de que una puerta cerrada hoy no es el final del camino. El “no” de hoy puede ser solo el primer capítulo de la victoria de mañana.

¿Cuántas veces Dios permite un “no” en el presente para preparar el “sí” que vendrá más adelante? ¿Cuántas veces nos impide entrar por una puerta pequeña porque quiere llevarnos hacia una mucho más grande?

La Biblia está llena de ejemplos así:

  • José fue traicionado y encarcelado antes de ser gobernador en Egipto.
  • David fue ignorado por sus hermanos antes de ser ungido como rey.
  • Pedro no había pescado nada en todo un día de trabajo, hasta que oyó la orden del Maestro de volver a echar las redes.

Cuando Dios cierra una puerta, no es rechazo, es redirección. A veces incluso protección. Él ve lo que hay más allá de la curva, y lo que hoy parece una pérdida puede ser solo la preparación para algo que todavía no somos capaces de imaginar. “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.” (1 Corintios 2:9 – NVI)

Oración: Señor, ayúdame a confiar cuando las puertas se cierran. Que no me desespere ante las negativas, sino que crea que Tú estás preparando algo mayor. Dame paciencia en el tiempo de espera y fe para seguir caminando. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo base: “Mira que he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar.” (Apocalipsis 3:8 – NVI)

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