El peso de las palabras

Aconteció en San Salvador de Jujuy, Argentina, en abril de 2026. El jugador Emiliano Endrizzi, del club Gimnasia y Esgrima de Jujuy, fue detenido dentro de un avión después de gritar “bomba” momentos antes del despegue de un vuelo con destino a Buenos Aires. La acción provocó pánico entre pasajeros y tripulación, obligando a evacuar la aeronave y activar protocolos de seguridad que incluso llevaron al cierre temporal del aeropuerto. Tras aproximadamente una hora de inspección, no se encontró ninguna amenaza y el caso fue tratado como una “broma” irresponsable. El jugador fue arrestado, y el episodio generó gran repercusión, con posibles consecuencias legales e incluso el fin de su contrato con el club.
Esta historia deja claro algo que muchas veces subestimamos: las palabras tienen poder — y consecuencias reales. Lo que fue considerado una “broma” provocó miedo, pérdidas, movilización de recursos y consecuencias personales serias. Una sola palabra, dicha en el momento equivocado, puede generar un gran impacto.
La Biblia nos advierte de forma directa: “La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias.” (Proverbios 18:21, NTV). Es decir, lo que decimos no es neutral. Nuestras palabras pueden construir o destruir, calmar o generar caos, bendecir o herir.
El problema es que muchas veces hablamos sin pensar. Tratamos las palabras como algo ligero, pasajero, sin peso. Pero la Palabra de Dios nos llama a la responsabilidad: “Les digo lo siguiente: el día del juicio tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho.” (Mateo 12:36, NTV). Esto muestra que Dios toma en serio lo que decimos.
Además, la sabiduría al hablar está directamente relacionada con el dominio propio. No todo lo que pensamos necesita ser dicho. No todo lo que parece “gracioso” es apropiado. No todo lo que sentimos debe expresarse sin filtro. La Escritura enseña: “Entiendan esto, mis queridos hermanos: todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse a hablar ni a enojarse.” (Santiago 1:19, NTV). Hablar menos y pensar más es señal de madurez espiritual.
¿Cuántos problemas podrían evitarse con más cuidado al hablar? Relaciones preservadas, conflictos evitados, daños que nunca habrían ocurrido.
La pregunta es directa: ¿estoy siendo responsable con lo que digo?
Porque al final, no se trata solo de lo que queremos expresar, sino del efecto que nuestras palabras producen. Las palabras no son inofensivas — tienen peso, generan impacto y revelan el corazón.
Oração: Señor, pon guarda en mi boca y dame sabiduría al hablar. Líbrame de palabras impulsivas, imprudentes o que causen daño a otros. Enséñame a usar mi voz para edificar, bendecir y dar vida. Que todo lo que diga esté alineado con Tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.
Versiculo del dia: “La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias.” (Proverbios 18:21, NTV)
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