El maestro y el reloj robado

Se dice que un joven se encuentra con un anciano, sentado en el banco de un parque. Se acerca y dice:
“Profesor, ¿se acuerda de mí?”
Ese anciano mira al joven y le dice:
– “No, te confieso que no, mi joven”.
– “Fui tu alumno y hoy también soy maestro, gracias a ti, que me inspiraste a ser maestro”.
El anciano, sorprendido por la declaración del joven, preguntó:
– “¿En serio? ¿Y qué hice yo para tener tal impacto en tu vida?”
El joven cuenta entonces que, un día, le robó el reloj a uno de sus compañeros. Tenía muchas ganas de tener ese reloj y vio, en cierto momento, la oportunidad de llevárselo, sin que nadie lo viera.

Sin embargo, el estudiante al que le robaron el reloj pronto se dio cuenta y le dijo a su maestro, quien era exactamente ese anciano. El maestro cerró la puerta del salón y les dijo a todos que se pusieran de pie. También dio la orden de que todos mantuvieran los ojos cerrados, ya que él buscaría el reloj. Y así lo hizo. Uno por uno, revisó los bolsillos y mochilas de todos los estudiantes, hasta que en algún momento lo encontró.

– “Profesor, usted encontró el reloj en mi bolsillo, pero aun así, siguió mirando a todos los demás estudiantes, para al final, decir que el reloj había sido encontrado, sin que nadie supiera donde. Pero no me delató, ni ese día, ni ningún otro día después de ese. En ese día, usted salvó mi dignidad y entendí cuál era el papel de un maestro”.

El anciano entonces, admirado por el informe, dijo:
– “Sí, recuerdo bien ese día, fue un día muy interesante”.

Pero el joven todavía tenía una duda que resolver con su antiguo maestro. Y pregunto:
– “Pero profesor, siempre me dio curiosidad el hecho de que usted nunca me llamó para hablar del tema, para regañarme por lo que había hecho. Tampoco me trató diferente después de ese día. Era como si nada hubiera pasado. ¿Cómo hizo para fingir que no había pasado nada?”

Entonces el anciano sonrió y dijo:
– “Porque no sabía que eras tú. Mientras revisaba a los estudiantes, también mantuve mis ojos cerrados”.

Que gran lección la que nos da este maestro. Para no contaminar su propio corazón contra un estudiante, optó por mantener los ojos cerrados. Y de la misma manera, necesitamos aprender a no contaminar nuestros pensamientos contra las personas con las que convivimos. Y no se trata de hacer la “vista gorda” ante sus errores, sino de no permitir que nuestro corazón se contamine, al punto de cambiar nuestro comportamiento hacia ellos. Todas las personas tenemos sus fallas, defectos o algún comportamiento que no nos va a gustar. Y si permitimos que estos defectos condicionen nuestra actitud hacia ellos, las relaciones pueden verse afectadas y de esta forma no impactamos en la vida del otro, como pudo hacerlo este maestro.

Reflexiona ahora conmigo: ¿has contaminado tu corazón con las actitudes de las personas que te rodean? ¿Esto te ha llevado a tratar a alguien de manera “diferente”?

El maestro y el reloj robado – Devocional Diario

Oración: Señor, quiero cuidar mi corazón y no permitir que se contamine con sentimientos contra las personas con las que convivo. Ayúdame, Señor, a darme cuenta cuando mi actitud hacia cierta persona se vuelve diferente, para que pueda entregarte esos sentimientos. Amén.

Versículo base: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.” (NTV) Proverbios 4:23

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