Abandonando un barco lleno

Aquel no estaba siendo el mejor día para Simón, Santiago y Juan. Habían pescado todo el día y no habían logrado nada. Imaginen qué podría ser más importante para un pescador que tener su barca llena de peces. Pero ese día, no habían pescado nada.
Entonces, un Nazareno les pidió prestada su barca para predicar a una pequeña multitud que lo seguía. Escucharon atentamente sus palabras. Tras terminar su mensaje, el Nazareno les ordenó a Simón, Santiago y Juan que regresaran al mar y echaran las redes de nuevo. Lo hicieron y la red se llenó de peces, casi a punto de romperse. Había tantos que tuvieron que traer otra barca, y estaban tan llenas que casi se hunden.
Todo esto se relata en Lucas, capítulo 5, versículos 1 al 11. El Nazareno es Jesús. Y ahora viene la mejor parte de esta historia. Después de la mejor pesca de sus vidas, esos hombres llamados Simón, Santiago y Juan, “dejaron todo y siguieron a Jesús”. (versículo 11)
El relato de Lucas 5 no nos dice qué palabra predicó Jesús esa tarde. Pero las palabras de Jesús y la pesca milagrosa fueron suficientes para que aquellos hombres, antes frustrados por una barca vacía, ahora, abandonaran una barca llena para seguir a Jesús.
Jesús podría haber llamado a aquellos hombres con su barca vacía. Y quizás les habría sido más fácil abandonar una barca vacía. Me parece interesante ver que Jesús primero llena su barca y luego les pide que la abandonen para seguirlo. Y entonces miro mi vida y me pregunto: ¿Estoy apegado a mi barca llena? ¿Es mi barca llena un obstáculo para seguir a Jesús?
Pero tal vez mi barca no esté llena. Y entonces mi reflexión debería ser diferente: y si Jesús llena mi barca, ¿estaría dispuesto a abandonarla para seguir a Cristo?
Que el Espíritu Santo revele a tu corazón lo que hay en él.
Oración: Señor, que nada me impida seguirte. Aunque mi barca esté llena, quiero abandonarla para seguirte. Amén.
Texto base:
1 Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea, grandes multitudes se abalanzaban sobre él para escuchar la palabra de Dios.
2 Jesús notó dos barcas vacías en la orilla porque los pescadores las habían dejado mientras lavaban sus redes.
3 Al subir a una de las barcas, Jesús le pidió a Simón, el dueño de la barca, que la empujara al agua. Luego se sentó en la barca y desde allí enseñaba a las multitudes.
4 Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar.
5 —Maestro —respondió Simón—, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.
6 Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces ¡que comenzaron a romperse!
7 Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse.
8 Cuando Simón Pedro se dio cuenta de lo que había sucedido, cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —Señor, por favor, aléjate de mí; soy un hombre tan pecador.
9 Pues estaba muy asombrado por la cantidad de peces que habían sacado, al igual que los otros que estaban con él.
10 Sus compañeros, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, también estaban asombrados. Jesús respondió a Simón: —¡No tengas miedo! ¡De ahora en adelante, pescarás personas!
11 Y, en cuanto llegaron a tierra firme, dejaron todo y siguieron a Jesús.
(NTV) Lucas 5:1-11
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