Malas decisiones

“¿Y si no le gusta el infierno, para qué le coquetea al diablo?” Esta frase, tomada de uno de los estados de “alguien de mis contactos”, me impactó por lo claro y contundente del mensaje. Normalmente, por desobediencia, tomamos decisiones equivocadas y en contravía de los mandamientos; qué mal que, aun conociendo la Palabra y la Verdad revelada en la Biblia, lo hagamos por la dureza de nuestro corazón. En todas las áreas de nuestra vida nos tendremos que enfrentar a ACCIONES QUE TRAEN CONSECUENCIAS por tomar decisiones fuera del propósito de Dios; algunas de las más frecuentes involucran decisiones en el área de trabajo, finanzas, familia y relaciones interpersonales… decisiones que generalmente afectarán nuestro futuro y, muy probablemente, el de otros.

En la Biblia encontramos diferentes ejemplos de decisiones importantes y me cautiva especialmente la vida de David, pues «David prosperaba en todos sus caminos, porque el Señor estaba con él» (1 Samuel 18:14). Observamos que, en 1 Samuel 23:2-4 NTV, David consulta al Señor si debe atacar a los filisteos y salvar a Keila. Dios le indica que vaya. Sin embargo, los hombres de David tienen miedo de luchar contra los filisteos, por lo que David vuelve a consultar al Señor, y Dios confirma que debe ir a Keila y que le dará la victoria sobre los filisteos.

En contraposición, en 1 Samuel 28:6: «Saúl consulta al Señor, pero no recibe respuesta por los medios habituales: sueños, Urim o profetas», y la razón por la que Saúl no recibió respuesta del Señor fue por causa de no obedecer lo que Dios le había indicado por medio de Samuel, relato que encontramos en 1 Samuel 15:1-11. Por lo que, en 1 Samuel 28:15-18, Samuel le pregunta a Saúl por qué lo ha llamado, y Saúl le dice que está angustiado porque los filisteos le hacen la guerra y Dios no le responde. Samuel le dice que, si el Señor se ha apartado de él y ahora está contra él, no puede darle la respuesta que busca, y le recuerda que el Señor ha cumplido lo que anunció por medio de él y que el reino le será quitado y entregado a David. Le dice claramente que esto sucede porque no obedeció al Señor ni ejecutó su juicio contra los amalecitas.

De igual manera, al poco tiempo de ser David proclamado rey de Judá, encontramos en 2 Samuel 2:1 NTV: «Después de esto, David le preguntó al Señor: “¿Debo regresar a alguna de las ciudades de Judá?”. El Señor le respondió: “Sí, regresa”. David preguntó: “¿A qué ciudad debo ir?”. “A Hebrón”, contestó el Señor». Y más adelante, en 2 Samuel 5:17-18, ya siendo David también rey de Israel, todos los filisteos emprendieron su búsqueda y, de nuevo, David consulta al Señor: «Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano» (2 Samuel 5:19, NTV).

Debemos tener en cuenta que la razón principal por la que el Señor estaba con David en todo obedece a que David todo lo consultaba al Señor; no tomaba decisiones por sus propias fuerzas ni por emociones o presiones, como hoy normalmente sucede cuando no aplicamos la forma en que nos enseña la Palabra. En Proverbios 22:3 NTV encontramos que: «El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias», y en Proverbios 4:26 RVR1960: «Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos».

En conclusión, vemos en el actuar de Saúl que LAS MALAS DECISIONES TRAEN CONSECUENCIAS, por lo que, de los relatos de David, hay tres aspectos importantes que considero debemos aprender:

  • Consultar a Dios: En todo momento y circunstancia, David buscó la dirección del Señor antes de actuar, y es lo mínimo que podemos hacer si queremos estar alineados con la voluntad de Dios.
  • No dejarse dominar por el miedo: Si lo que Dios nos dice que hagamos nos genera algo de temor por ir en contravía de lo que pensamos que deberíamos hacer, se puede buscar confirmación del Señor.
  • Confiar en la respuesta de Dios: Aun frente a situaciones difíciles, David recibió seguridad para avanzar, y esto se resume en obedecer por fe.

Debemos consultar a Dios antes de tomar decisiones importantes. David no actuó impulsivamente, sino que buscó la dirección del Señor y esperó su respuesta. No basta con saber qué queremos hacer; también debemos buscar la voluntad de Dios y confiar en su dirección.

Debemos pensar bien nuestras decisiones, evaluar el camino que estamos siguiendo y procurar que nuestros pasos estén de acuerdo con la voluntad de Dios. Cuando tengas que tomar una decisión importante, busca la dirección de Dios, escucha su Palabra y actúa con fe y prudencia.

«El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño» (Proverbios 22:3, RVR1960).

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