No todo es una broma

Sucedió en Franca, São Paulo, en agosto de 2026. Cinco influenciadores llegaron a una Unidad de Atención de Urgencias (UPA) cargando a una joven que aparentemente se encontraba mal. Las imágenes grabadas en el lugar muestran al grupo entrando con ella en brazos y recorriendo los pasillos en dirección a las salas de consulta, sin pasar por recepción. Sin embargo, todo no era más que una broma de los influenciadores: la joven solo fingía encontrarse mal. El caso provocó indignación en las redes sociales porque interfería con el funcionamiento de un servicio público de salud, donde el personal debe dar prioridad a los pacientes según la gravedad de cada caso. La Policía Civil imputó a los cinco implicados, quienes podrían responder judicialmente por su conducta y, según la calificación legal, ser condenados a hasta cinco años de prisión.
Cada vez más, las redes sociales están llenas de historias como esta, en las que hay personas dispuestas a convertir cualquier situación en contenido para conseguir visualizaciones, me gusta y seguidores. Sin embargo, en su búsqueda de atención, algunas parecen olvidar que no todo puede convertirse en entretenimiento y que nuestras acciones tienen consecuencias.
Una persona madura reconoce que hay situaciones que exigen responsabilidad, respeto y seriedad. No todo es una broma, especialmente cuando nuestras acciones pueden perjudicar a otras personas.
En la vida espiritual no es diferente. También corremos el riesgo de tratar como algo sin importancia aquello que Dios considera serio: el pecado, la desobediencia y las consecuencias de nuestras decisiones. La Palabra de Dios nos advierte: “No se engañen: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” (Gálatas 6:7).
Una UPA es un lugar donde la vida de las personas puede depender de unos pocos minutos de atención. Convertir una falsa emergencia en entretenimiento demuestra el peligro de perder la sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. De la misma manera, cuando nos acostumbramos a tratar las cosas de Dios con irreverencia, corremos el riesgo de perder de vista la gravedad del pecado, la importancia de la salvación y nuestra responsabilidad delante del Señor.
En Eclesiastés 5:1-2 encontramos una orientación sobre cómo debemos acercarnos a Dios: con reverencia, disposición para escuchar y cuidado con las palabras que pronunciamos. El texto nos advierte contra la precipitación al hablar y hacer promesas delante del Señor, recordándonos que Dios está en los cielos y nosotros estamos en la tierra.
“Cuando entres en la casa de Dios, ten cuidado con lo que haces y escucha con atención. Actúan mal quienes presentan ofrendas a Dios sin pensar. No te apresures a hacer promesas ni a presentar tus peticiones a Dios. Al fin y al cabo, Dios está en los cielos, y tú estás en la tierra; por lo tanto, habla poco”. — Eclesiastés 5:1-2
Por eso, debemos acercarnos a Él con humildad y temor, conscientes de la importancia de nuestras palabras y compromisos.
Tomar a Dios en serio no significa vivir sin alegría ni perder la espontaneidad, sino reconocer que nuestra relación con Él no debe conducirse con descuido. Nuestras palabras, promesas y actitudes delante del Señor deben reflejar reverencia y responsabilidad. Así como no debemos jugar con situaciones que pueden poner en riesgo otras vidas, tampoco debemos tratar con ligereza aquello que tiene que ver con nuestro caminar con Dios.
No todo es una broma: la madurez nos enseña a reconocer lo que exige seriedad, y el temor del Señor nos enseña a tratar con reverencia aquello que es santo.
Oración: Señor, ayúdame a actuar con responsabilidad y a reconocer la seriedad de mis decisiones. No permitas que la búsqueda de atención, diversión o reconocimiento me haga perder la sensibilidad ante el sufrimiento de las personas. Enséñame también a tratar tu Palabra con reverencia, a cuidar mis palabras y a cumplir fielmente los compromisos que asumo delante de ti. Que mis acciones demuestren madurez, respeto por el prójimo y temor a tu nombre. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “El temor del Señor es la base de la sabiduría; conocer al Santo da por resultado el buen juicio”. — Proverbios 9:10 | NTV
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