No es el fin

Sucedió en Aguachica, en el departamento del Cesar, Colombia, el 29 de diciembre de 2024. El pastor Marlon Lora estaba almorzando en un restaurante con su esposa, Yurlay Rincón, y sus dos hijos, cuando dos hombres llegaron en una motocicleta y uno de ellos entró al lugar, abriendo fuego contra la familia. El pastor, su esposa y su hija, Ángela Natalia, murieron en el ataque. El hijo, Santiago Lora, quedó gravemente herido y murió dos días después. Posteriormente, la investigación de la Fiscalía descubrió que la familia no era el objetivo de los asesinos. Los criminales habrían sido contratados para matar a una mujer conocida como “La Diabla”, que también se encontraba en el restaurante en ese momento. Según la investigación, el sicario confundió a la hija del pastor, Ángela Natalia, con el verdadero objetivo, aparentemente por su ropa y apariencia. Así, una familia entera terminó siendo asesinada por un error de identificación. Lo más trágico es que la verdadera mujer que era el objetivo y que tenía vínculos con el narcotráfico logró escapar aquel día, pero menos de un mes después, en enero de 2025, también fue asesinada en Medellín.

Al conocer esta historia, quizá te preguntes: ¿cómo encontrar esperanza frente a una tragedia que parece tan absurda?

La realidad es que vivimos en un mundo caído, donde el pecado y las decisiones humanas producen sufrimiento que muchas veces alcanza a personas inocentes. Pero nosotros tenemos una esperanza que no todos tienen: para quien está en Cristo, la muerte no es el fin.

Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de morir.” — Juan 11:25. Las palabras de Jesús nos dicen que, aquel 29 de diciembre, para aquella familia hubo solamente una transición. Dejaron esta vida terrenal para comenzar una nueva vida en la eternidad.

Por otro lado, la mujer que era el objetivo inicial de aquellos asesinos y que logró escapar aquel día, posteriormente también murió. Y si murió sin Cristo, para ella la muerte sí pudo haber sido definitiva. En Apocalipsis dice: “Pero los cobardes, los incrédulos, los corruptos, los asesinos, los inmorales, los que practican brujería, los que rinden culto a ídolos y todos los mentirosos tendrán su destino en el lago de fuego que arde con azufre. Esta es la segunda muerte” — Apocalipsis 21:8 | NTV. Si la muerte física alcanzó por igual a la familia pastoral y a la mujer conocida como “La Diabla”, quien murió sin Cristo también conoció la “segunda muerte”: la muerte espiritual y eterna.

Juan tampoco deja dudas acerca de los dos destinos diferentes que podemos tener: “Los que creen en el Hijo de Dios tienen vida eterna. Los que no obedecen al Hijo nunca tendrán vida eterna, sino que permanecen bajo el enojo del juicio de Dios.” — Juan 3:36.

Que tú y yo tengamos la misma certeza que Pablo tenía acerca de la vida eterna en Jesús. Pablo tenía tanta certeza de la eternidad en Cristo que llegó a decir que preferiría dejar este cuerpo terrenal: “Sí, estamos totalmente seguros, y preferiríamos estar lejos de este cuerpo terrenal, porque entonces estaremos en nuestro hogar con el Señor.” — 2 Corintios 5:8.

Esta triste historia, que parece sacada de una película, pero que es vida real, terminó con una familia entera que amaba y servía al Señor. Pero, para ellos, no fue el fin.

Oración: Amado Padre, nuestra esperanza está en la promesa de Cristo de que aquellos que le pertenecen tendrán vida aun después de la muerte. En esto descansamos. Gracias, Señor, por tu salvación. Amén.

Versículo del día: “Les digo la verdad, todos los que escuchan mi mensaje y creen en Dios, quien me envió, tienen vida eterna. Nunca serán condenados por sus pecados, pues ya han pasado de la muerte a la vida.” — Juan 5:24

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