La matemática de Dios

Ocurrió en Estados Unidos, en 2018. Belmont Cameli descubrió que un amigo de la infancia necesitaba urgentemente un trasplante de riñón. Sin dudarlo, se ofreció como donante. Sin embargo, los exámenes revelaron que los dos no eran compatibles. Podría simplemente haber aceptado que no podía ayudar a su amigo, pero decidió ir más allá. Belmont ingresó a un programa de donación cruzada: donó su riñón a una persona desconocida, permitiendo que otro donante compatible ayudara a su amigo. Su decisión dio inicio a una cadena de trasplantes que terminó beneficiando a siete personas. Quería salvar la vida de una sola persona, pero al estar dispuesto a entregar algo tan valioso, su decisión terminó alcanzando muchas más vidas de las que había imaginado.

Esta historia es particularmente interesante. Belmont tenía un objetivo sencillo: ayudar a su amigo. Pero, cuando estuvo dispuesto a participar en una solución que iba más allá de lo que inicialmente había imaginado, su decisión alcanzó a muchas otras personas. Podemos ver que, si Dios quiere, Él puede multiplicar el impacto de una disposición sincera.

La propia Palabra de Dios nos dice: “Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros” (Efesios 3:20 | NTV). Este versículo de Efesios quiere decirnos que algo pequeño en nuestras manos puede convertirse en algo mucho mayor en las manos de Dios. Aquello que comenzaste de una manera modesta puede llegar mucho más lejos, si Dios así lo desea.

En la matemática de Dios, un amigo, una decisión y una donación pueden resultar en siete vidas impactadas. Toda una cadena nació de un primer corazón dispuesto. Y eso me recuerda que yo no necesito ver toda la cadena para ser el primer eslabón. Solo necesito tomar una decisión.

Muchas veces dejamos de hacer el bien porque pensamos que lo que podemos ofrecer es poco. “Yo solo puedo ayudar a una persona”. “Es solo una conversación”. “Es solo una oración”. “Es solo una pequeña contribución”.

Pero quizás aquello que tú consideras simplemente “uno” sea el comienzo de algo que Dios quiere multiplicar.

Por eso, la Biblia nos anima: “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos” (Gálatas 6:9 | NTV). No dejes de hacer el bien solo porque no puedes cambiar el mundo entero. Tal vez Dios quiera usar lo que haces para comenzar un cambio que continuará mucho más allá de ti.

Belmont quería salvar a un amigo. Su generosidad alcanzó a siete personas. Quizás tú tampoco puedas imaginar hasta dónde puede llegar mañana una decisión que tomes hoy. Solo necesitas estar dispuesto a ser el primer eslabón.

Tal vez Dios no te está pidiendo que veas el resultado de toda la cadena. Tal vez simplemente te está pidiendo que des el primer paso. Haz el bien que está a tu alcance y deja que Dios se encargue de la multiplicación.

Oración: Señor, ayúdame a no menospreciar aquello que puedo hacer. Dame un corazón dispuesto a obedecer, servir y hacer el bien, incluso cuando no pueda ver hasta dónde podría llegar una pequeña decisión. Usa mi vida para impactar a otras personas y multiplica, según tu voluntad, aquello que pongo en tus manos. Amén.

Versículo del día: “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos” (Gálatas 6:9 | NTV)

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