Recuerda que vas a morir

Es interesante pensar que prácticamente todos los seres humanos, siempre que tengan la capacidad de comprender la realidad, saben que un día morirán. Aun así, la mayoría vive como si eso nunca fuera a suceder.
Hacemos planes para las próximas décadas, acumulamos bienes, posponemos conversaciones importantes, alimentamos resentimientos y dedicamos gran parte de nuestra vida a preocuparnos por cosas que, frente a la eternidad, perderán por completo su valor.
Tal vez por eso Salomón escribió una de las frases más sorprendentes de la Biblia: “Es mejor pasar el tiempo en funerales que en fiestas, porque la muerte es el destino de todos; los que viven deberían tomar esto muy en serio.“ (Eclesiastés 7:2, NTV). A primera vista, estas palabras parecen extrañas. Después de todo, ¿quién preferiría asistir a un funeral antes que a una fiesta?
Pero Salomón no está exaltando la tristeza. Está diciendo que la casa del duelo nos obliga a recordar una verdad que normalmente hacemos todo lo posible por olvidar: nuestra vida en esta tierra es pasajera.
Y ese recuerdo puede transformar por completo la manera en que vivimos. Quien recuerda que va a morir abraza hoy, porque mañana puede ser demasiado tarde. Quien recuerda que va a morir perdona hoy, porque quizá no exista otra oportunidad. Quien recuerda que va a morir dedica tiempo a sus hijos, a sus padres, a su cónyuge y a sus amigos, porque entiende que el tiempo es un regalo que no puede recuperarse. Quien recuerda que va a morir se preocupa por la eternidad y no solo por los placeres pasajeros de esta vida. Quien recuerda que va a morir aprende a despedirse de la manera correcta, porque sabe que algunas despedidas serán las últimas. Y, sobre todo, quien recuerda que va a morir procura vivir reconciliado con Dios.
Moisés hizo precisamente esa petición al Señor: “Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.” (Salmos 90:12, NTV). Observe que no pidió más días de vida. Pidió sabiduría para vivir los días que ya tenía.
La muerte no debería llevarnos al miedo, sino a la sabiduría. Nos recuerda que el tiempo es corto, que la vida es preciosa y que aquello que realmente importa no puede seguir postergándose indefinidamente.
Por eso Jesús hizo una pregunta que sigue resonando a través de los siglos: “¿Qué beneficio obtienes al ganar el mundo entero si pierdes tu propia alma?” (Marcos 8:36, NTV). La mayor tragedia no es morir. La mayor tragedia es llegar al final de la vida sin haber descubierto para qué fue creada.
Cuando recordamos que la vida es breve, aprendemos a vivir mejor. Amamos más, perdonamos más, servimos más y valoramos aquello que permanecerá para siempre.
Paradójicamente, quien nunca olvida la muerte es quien aprende a vivir de verdad.
Oración: Señor, enséñame a contar mis días. Líbrame de la ilusión de creer que tengo todo el tiempo del mundo y ayúdame a vivir cada día con sabiduría, amor y propósito. Que no posponga el perdón, la gratitud, la reconciliación ni la obediencia a Tu voluntad. Sobre todo, prepara mi corazón para la eternidad, para que, cuando llegue el día de estar delante de Ti, sea hallado fiel. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.” (Salmos 90:12, NTV)
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