Los deseos del corazón

En 2003, en Colombia, 147 soldados se repartieron 40 millones de dólares encontrados en “caletas” pertenecientes a una conocida organización criminal, en medio de la selva amazónica. El caso incluso se convirtió en película y ganó notoriedad mundial. ¿Y por qué fueron descubiertos? Porque no supieron ser discretos con todo ese dinero. Algunos pidieron la baja del ejército, otros empezaron a comprar autos de lujo, otros gastaban en mujeres y prostitutas. El comportamiento repentinamente extravagante llamó la atención de las autoridades… y la verdad salió a la luz.
Al recordar esta noticia y la película que relata la historia, pensé en lo difícil que es ocultar lo que realmente existe dentro de nosotros. Aquellos soldados lograron esconder el dinero de las autoridades, pero no lograron ocultar los deseos que movían su corazón. Cuando millones llegaron a sus manos, esos deseos desbordaron de tal manera que se volvieron imposibles de disimular.
Eso revela algo profundo sobre todos nosotros. No importa cuánto intentemos controlar nuestra imagen o mantener ciertas áreas de nuestra vida en secreto: tarde o temprano, el corazón habla más fuerte. Jesús afirmó: “Lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón” (Lucas 6:45 — NTV). El exterior siempre termina revelando el interior.
La verdad es que no solo somos influenciados por nuestros deseos: muchas veces somos dominados por ellos. La Palabra dice que “el corazón es engañoso y extremadamente perverso” (Jeremías 17:9 — NTV), por eso no podemos confiar en él como guía. Un corazón no transformado nos llevará a elecciones destructivas, tal como ocurrió con aquellos soldados.
Por eso la Biblia no nos llama a controlar el corazón, sino a transformarlo. Encontramos esa dirección en: “Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará” (Salmos 37:5 — NTV). El cambio verdadero comienza cuando ponemos nuestros deseos delante de Dios y permitimos que Él moldee nuestras motivaciones, prioridades y actitudes. Cuando nos dejamos enseñar por la Palabra y por el Espíritu Santo, incluso los deseos del corazón son transformados.
También se nos recuerda que Dios promete darnos un corazón nuevo: “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes” (Ezequiel 36:26 — NTV). Esa transformación rompe el dominio de los deseos distorsionados y nos conduce a una vida íntegra delante de Él.
Que aprendamos a vigilar no solo nuestros actos, sino sobre todo las intenciones de nuestro corazón, porque es allí donde todo comienza.
Oración: Señor, transforma mi corazón y transforma nuestro corazón. Alinea nuestros deseos con los tuyos y líbranos de todo lo que pueda dominarnos o alejarnos de Ti. Amén.
Versículo del día: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.” (Proverbios 4:23 — NTV)
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