¿Qué tienes en las manos?

Hay momentos en que todo lo que vemos es lo que nos falta. Falta tiempo, faltan recursos, falta fuerza, falta apoyo. Pero Dios nunca nos pidió que miráramos lo que falta — Él siempre nos invita a mirar lo que tenemos.
La viuda que buscó al profeta Eliseo dijo: “Tu sierva no tiene nada en casa, excepto un poco de aceite.” (2 Reyes 4:2, NVI). Y fue precisamente ese poco lo que Dios multiplicó hasta llenar todas las vasijas.
El milagro no comenzó en el vacío, comenzó con lo que había.
Los discípulos vieron una multitud hambrienta y dijeron: “No tenemos suficiente.” Pero Jesús tomó lo que ellos tenían — cinco panes y dos pescados —, dio gracias y alimentó a miles. Cuando lo poco se entrega en las manos de Dios, se convierte en más que suficiente.
Mientras todos miraban el tamaño de Goliat, David miró lo que tenía: una honda y cinco piedras. Y con lo que parecía insignificante, Dios le dio una gran victoria.
Dios le preguntó a Moisés: “¿Qué tienes en la mano?” (Éxodo 4:2, NVI). Era solo una vara. Pero en las manos de Dios, esa vara abrió el Mar Rojo y realizó señales extraordinarias.
Dios siempre comienza a partir de lo que tienes, no de lo que falta. Porque cuando entregas lo que tienes, Él hace lo que solo Él puede hacer.
Oración: Señor, enséñame a ver el valor de lo que ya tengo en mis manos. No quiero enfocarme en lo que me falta, sino confiar en que lo poco, en tus manos, es suficiente para el milagro. Usa lo que tengo, Señor — mi fe, mi fuerza, mi tiempo, mis recursos — y haz que lo extraordinario suceda. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo clave: “¿Qué tienes en la mano?” — Éxodo 4:2 (NVI)
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